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El Estado en nuestra cama Publicado en El Líbero, 13.06.2023

El Estado en nuestra cama

Autor: Mara Sedini

La ministra de la Mujer, Antonia Orellana, declaró que «el desconocimiento del clítoris es un problema de salud pública». Llama la atención la posible obsesión que tiene este Gobierno con la actividad sexual de los chilenos, y sobre todo con los genitales femeninos. Recordemos que este mismo ministerio, a través del «Fondo de Equidad de Género», entregó 4 millones de pesos a la agrupación Las Clito para proyectos como «Guía para aprender a dibujar UNA clítoris en 7 pasos». Además, este mismo colectivo instaló una clítoris gigante en Santiago, Valparaíso y Viña del Mar para pronunciarse contra el analfabetismo sexual.

Que la izquierda progresista esté preocupada de la intimidad de las personas no es algo nuevo. Fue Carol Hanish, una feminista radical estadounidense, que en 1969 escribió el famoso ensayo Lo personal es político, donde plantea que los problemas no tienen soluciones personales, sino que únicamente colectivas. Este concepto fue acuñado y desarrollado por el movimiento feminista de la Segunda Ola, y elevado a la esfera neomarxista como justificación de la intromisión del Estado en la intimidad, como juez y parte del escrutinio público.

Estas ideologías utilizan herramientas retóricas para desarrollar una nueva moralidad. La gran crítica de los sectores de izquierda a los conservadores ha sido la intromisión de la religión en los asuntos privados. Pero el feminismo radical, finalmente, a través de los instrumentos de corrección política, terminan haciendo lo mismo que aquellos sectores que critican: imponer una moral y una forma prediseñada de comportarse en lo privado.

En el caso de las declaraciones de la ministra, al muy estilo victoriano, hay una agenda de control férrea a la vida sexual o íntima de las personas. Tanto es así que, bajo el argumento absurdo de que el «desconocimiento del clítoris es un problema de salud pública», justifica la intromisión del Estado en nuestra cama. Esto, porque Orellana confunde el ámbito del placer, que es subjetivo, con el plano de la salud pública (con un evidente sesgo desde lo estatal) que puede ser el tratamiento y prevención de enfermedades.

«Esta generación política debe entender que las agendas revolucionarias, que parecían tan apasionantes cuando eran jóvenes idealistas que marchaban en la calle, no se condicen con la realidad del aparato estatal y sus responsabilidades».

Dicho esto, si realmente estamos preocupados por la sexualidad como problema público, es esencial poner énfasis en lo que ocurrió hace unos días en una escuela en Talcahuano, donde médicos de un Centro Comunitario de Salud Familiar realizaron a alumnos de quinto básico un «procedimiento de salud sexual» que, según declaraciones de algunos apoderados, incluyó que a los niños les sacaran la ropa, les hicieran tocaciones, preguntas íntimas y les mostraran videos con contenido sexual para adultos. Un organismo de salud del Estado transgrediendo a menores de edad, y todo esto ocurre sin conocimiento previo de los apoderados. Esto vuelve a poner en evidencia la importancia que tienen los padres en la educación de sus hijos, ya que, sin ellos y su fiscalización, el Estado puede incurrir en este nivel de vulneración. Y esto ocurre en pleno debate sobre la educación sexual integral en los colegios, donde se abren flancos para justificar la exposición de menores a actividades de connotación sexual.

Si realmente estamos preocupados por la sexualidad como problema de salud pública, el gobierno debería empezar por preocuparse por el alza en los contagios de sífilis, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, sobre todo en jóvenes entre 15 y 29 años. Según datos de la Universidad de Chile en los últimos diez años los contagios de VIH en nuestro país han aumentado un 67,8%, siendo la población adolescente y joven, por lejos, la que lidera estas cifras.

El eterno drama es nuestro sistema de salud pública en que existen 2,2 millones de personas en listas de espera para atenderse con un especialista y 300 mil personas que esperan más de un año y medio para operarse. Hace unos días, un bebé de 2 meses muere de neumonía en el Hospital de San Antonio porque no había camas disponibles y un lactante muere en Quilpué tras esperar 12 horas por una cama en hospital de Viña del Mar. Pero el problema de salud pública, según el Gobierno, es el placer sexual.

Esta generación política debe entender que las agendas revolucionarias, que parecían tan apasionantes cuando eran jóvenes idealistas que marchaban en la calle, no se condicen con la realidad del aparato estatal y sus responsabilidades. Hay urgencias y consecuencias reales y dolorosas de no ejercer la administración a tiempo y conciencia. Menos cátedra de moralidad y más ejercicio realista y aterrizado de las funciones correspondientes.  

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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