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El absentismo universitario: ¿solución o problema? Publicada en El Mostrador, 20.03.2024

El absentismo universitario: ¿solución o problema?

Por Pablo Paniagua y Nicolás Ferrari

En la actualidad, el declive en la asistencia presencial a las universidades entre los estudiantes universitarios se ha convertido en un fenómeno relevante y ampliamente debatido. Múltiples factores influyen en esta tendencia que va más allá de la simple conveniencia personal: desde la creciente preferencia por la flexibilidad de los horarios hasta la comodidad y familiaridad del entorno de estudio en casa. De esta forma, varios elementos económicos, sociales y tecnológicos contribuyen a la renuncia de los universitarios a acudir físicamente a las aulas. Además, en el contexto de un mundo pospandemia mundial, donde el aprendizaje remoto se convirtió en la norma, la seguridad y la adaptabilidad son consideraciones fundamentales que impulsan esta transformación en la educación superior. Este fenómeno entonces ha influido en el absentismo universitario en nuestro país. 

Todo esto se debe a varios factores interrelacionados: en primer lugar, la tecnología ha transformado la forma en que accedemos al conocimiento. Con la proliferación de recursos en línea y plataformas de aprendizaje digital, los estudiantes encuentran conveniente y flexible estudiar desde cualquier lugar con conexión a internet. Además, la pandemia de COVID-19 aceleró la adopción de la educación a distancia. Muchos estudiantes se han adaptado a las clases virtuales y valoran la comodidad de aprender desde casa sin la necesidad de desplazarse.

«Es hora de que las instituciones eduquen sin paternalismo y con miras al futuro: que estén acordes con la realidad que se impone a pesar de los diferentes puntos de vista que existen en esta materia».

Por otro lado, el costo económico y logístico de asistir a la universidad presencialmente también influye. Los gastos relacionados con el transporte, la vivienda y la alimentación pueden ser prohibitivos para muchos estudiantes, especialmente en tiempos de incertidumbre económica, de lo cual saben muy bien los estudiantes que provienen de regiones remotas del país que deben trasladarse a la capital. 

Asimismo, la universidad presencial a menudo impone rigidez en los horarios y limita la capacidad de los estudiantes para trabajar o participar en otras actividades extracurriculares. Por lo que la preferencia de los estudiantes por la educación universitaria en línea o virtual se debe, en parte, a la conveniencia, la flexibilidad, los costos y la adaptación a las nuevas tecnologías. Ahora bien, se debe destacar que el fenómeno del absentismo universitario no es un problema nuevo que surgió con la pandemia, esta acentuó el absentismo, pero no es el origen del problema: es de larga data y ha continuado siendo un problema evidente que las autoridades universitarias no han sabido afrontar de forma efectiva, incluso ya antes de la pandemia.   

De esta manera, cabe preguntarse: con todos estos datos a la mano, ¿por qué las universidades no han sabido afrontar esta realidad? El primer error es que las universidades, con el objeto de retener a los estudiantes, los obligan a acudir a la presencialidad casi total, lo que es contraproducente en un mundo que está transitando hacia un modelo mixto. Al alumnado se le debería reconocer como adultos en vez de niños y, de esta forma, otorgarles mayores grados de libertad para que tengan derecho a elegir una modalidad más flexible de enseñanza y de asistir o no a clases si así lo desean. Por lo que la universidad ante todo debe procurar la formación intelectual y personal del alumnado tanto presencialmente como in absentia, debido a los diferentes perfiles de estudiantes que las universidades reciben, ya que no todos disponen del mismo tiempo y recursos para asistir a clases. 

El segundo error del establishment universitario es que ve a este fenómeno como un problema, en vez de una realidad a la cual acomodarse; en otras palabras, las universidades –en actitud bastante paternalista, como ha sido siempre la formación educacional en nuestro país– frente a esta realidad no conocen otro método que el coercitivo para intentar disminuir el absentismo y empujar la presencialidad. Pero de lo que no se percatan las universidades es de que la realidad da soluciones, no problemas. Usualmente los problemas y fricciones los generan las personas que no se adaptan a las soluciones que la realidad ofrece.

¿Qué sentido tiene asistir cinco días a la semana a cinco o seis clases impartidas presencialmente, cuando estas podrían reducir a una a la semana su presencialidad y el resto proseguirlas telemáticamente? Probablemente muchos jóvenes de escasos recursos y jóvenes que necesitan trabajar para mantener a sus familias se verían muy beneficiados con un modelo híbrido, pero las universidades parecieran no pensar en aquellas personas que sufren mayores costos económicos y sociales en el aprendizaje. Dado que en Chile no existen demasiados estudios profundos (ver aquí) en cuanto al absentismo universitario, resultan familiares y oportunas las razones, como ejemplo, que los alumnos españoles esgrimen para no asistir a clases:

  1. Actitud del profesorado: falta de interés por la enseñanza, falta de motivación, de preocupación, etc.
  2. Metodología: apuntes al dictado, explicaciones malas y poco claras, recursos inadecuados, clases monótonas, etc.
  3. Organización: muchas clases, horarios muy cargados, solapamiento de clases, en ciertos días solo tengo una clase, etc.
  4. Valor de las clases: todo lo relacionado con su aprovechamiento (no se aprende, ya tengo apuntes, no aportan nada nuevo, no hace falta asistir, no ayuda a la hora de estudiar, etc.).

Como se puede apreciar el alumnado se da cuenta de la potencial inutilidad que es asistir a clases cuando se tiene ya a disposición materiales telemáticos como los apuntes, presentaciones, videos, lecturas, etc., que los profesores luego dictan (o incluso repiten) en clase, haciendo gastar tiempo adicional al estudiantado, que podría ya haber accedido a ese contenido por su cuenta, ahorrando tiempo. Entonces, los estudiantes, al no querer desaprovechar su tiempo y como las posibilidades que la universidad ofrece son pocas debido a su inadaptación, simplemente no asisten, generando un absentismo forzado que se podría haber evitado con instrumentos digitales.  

En conclusión, es imperativo que las universidades abracen el cambio y se adapten a las demandas del siglo XXI y al cambio en el estilo de vida de jóvenes que desean movilizarse y trabajar. Esto implica un enfoque más flexible e híbrido, con un aumento en las clases telemáticas y una reducción de las presenciales, reconociendo la preferencia del estudiantado. Es hora de que las instituciones eduquen sin paternalismo y con miras al futuro: que estén acordes con la realidad que se impone a pesar de los diferentes puntos de vista que existen en esta materia.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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