No estamos frente a una disputa política, un desentendimiento o un rechazo a una medida. Se trata de una crisis política que ha puesto en tensión nuestra propia democracia.
Lo de hoy es diferente; no se pelea por vida o muerte, y estamos en democracia. No se justifica dividir ni violentarse así. Diferencias siempre van a existir, pero hoy tenemos políticos e instituciones para eso.
El hecho de que nuestras Constituciones desechables, a diferencia de las de naciones avanzadas, sirvan más bien para incrementar que para controlar el poder del Estado, horada aún más las bases liberales necesarias para la prosperidad.
Imagine a un chileno nacido en los años 80 y 90 del siglo pasado, un millennial. Este ciudadano -o ciudadana- puede darse el lujo de haber superado la calamidad de la pobreza que asolaba a Chile 70 años atrás.
Lo ocurrido recientemente en Chile no es producto del fracaso de su modelo de desarrollo, sino de su éxito. Lo que sí ha fracasado es una centroderecha miope e incapaz de liderar las profundas transformaciones que ese éxito hacía imprescindibles.
Enfurece ver cómo algunos políticos, cualesquiera sean sus intenciones, hacen de voceros de los secuestradores, de los que tienen a la sociedad entera como rehén.
Chile atraviesa la peor crisis democrática, institucional y política desde el retorno a la democracia. En este análisis se abordan ideas clave para poder dilucidar salidas y respuestas.
La simultaneidad entre las elecciones presidenciales y parlamentarias. le resta importancia a las segundas.
Para reducir desigualdad sin frenar el crecimiento hay tres grandes retos: “Ahorrar e invertir más; impulsar la productividad y la innovación; y una revolución en la educación enfocada en su calidad en todos los niveles”.
El término "desobediencia civil", que tantos han invocado últimamente, fue popularizado por el intelectual norteamericano Henry David Thoreau en el siglo XIX. Thoreau era un libertario que veía en el Estado una fuente inagotable de males sociales e injusticias.
Pocos se habrían imaginado que Chile podría reventar al punto de parecer, a ratos, una zona en guerra. Parte de la prensa y diversos analistas han interpretado lo ocurrido como un rechazo al exitoso sistema de economía social de mercado que ha conducido al país a tener los menores niveles de pobreza.
El muro de Berlín nació en la oscuridad. Su objetivo era claro: detener la huida de alemanes ansiosos de libertad y progreso.
Nuestra élite debería mirarse en el espejo de los polacos. Pero insisten en destruir el cerro Alvarado, a pesar de que se saben de memoria las cuadras del Central Park
La Universidad de Chile se desprestigia arriesgando caer en una decadencia irreversible por permitir impunidad en casos tan graves como el de Polette Vega.
“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”. Esta frase de Winston Churchill resume perfectamente el estado actual la Universidad de Chile.
En el último tiempo, la “casa de Andrés Bello” ha sido asediada por escándalos. Primero, el totalitario estatuto del centro de estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile, que prohíbe candidaturas estudiantiles que no sean compatibles con sus principios. En segundo lugar, las agresiones sucesivas de las que ha sido víctima Polette Vega, estudiante de Trabajo Social de la misma universidad, por sus mismos compañeros. ¿La razón? Identificarse con posiciones políticas de derecha.
Recientemente, la subsecretaria de Ciencia y Tecnología, Carolina Torrealba, ha declarado que el gobierno del Presidente Piñera toma '100% el discurso de Greta'. Esto es relevante para la opinión pública, pues significa que el actual gobierno de centroderecha cree, entre otras, las siguientes afirmaciones realizadas por la activista sueca en sus discursos, muchos de ellos incluidos en su libro 'No one is too small to make a difference'...
Irónicamente, hoy en tiempos donde se presumen a cada instante y momento razones científicas, parece estar vetado cuestionar aquellas cosas que se estiman como cuestiones sacrosantas fuera del marco del debate racional y razonable.
El terrorismo es la síntesis de guerra y teatro, una dramatización de la violencia perpetrada contra víctimas inocentes y escenificada ante una audiencia con la esperanza de producir miedo.
La sustitución de trabajo por capital nos enriquece y mucho. Puede empobrecer material y emocionalmente a quienes no se adapten. Pero abre oportunidades de trabajo, riqueza, consumo y nivel de vida mejores para muchos más.
«El progreso no es una bendición ininterrumpida.
A menudo viene con sacrificios y luchas»