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Canadá: Un modelo de salud no tan modelo para Chile Publicada en El Dínamo, 10.12.2023

Canadá: Un modelo de salud no tan modelo para Chile

Muy preocupados se muestran algunos por el hecho de que la nueva propuesta de constitución imposibilite la creación de un sistema de salud universal únicamente público, como en Canadá. Sin embargo, eso es un aspecto positivo de la propuesta y deberíamos abrazarlo, ya que nos evitaría la creación de un sistema que está «contra las cuerdas», como advirtió el primer ministro de Nova Scotia, Tim Houston. En lugar de que el Estado tenga prácticamente un monopolio de los seguros y controle casi la totalidad de los proveedores —como en Canadá—, es preferible contar con un sistema de salud donde los agentes públicos y privados coexistan y compitan entre sí. De hecho, comparado con otros países de altos ingresos con sistemas de salud administrados por el Estado, queda claro que el sistema canadiense es precisamente a lo que no debemos aspirar.

Si bien los canadienses cuentan con una de las mayores esperanzas de vida al nacer y con una de las menores tasas de mortalidad infantil en el mundo, la eficiencia de su sistema de salud deja mucho que desear, sobre todo porque es carísimo. El gasto público destinado a salud en 2021 fue de 12,6% del PIB después de ajustar por estructura poblacional, haciéndolo el más caro de la OECD. En términos per cápita, Canadá se ubica en el puesto 15 entre los países con más gasto público en salud del mundo.

«Si bien los canadienses cuentan con una de las mayores esperanzas de vida al nacer y con una de las menores tasas de mortalidad infantil en el mundo, la eficiencia de su sistema de salud deja mucho que desear».

Sin embargo, aún con esa inmensa cantidad de recursos, el sistema de salud canadiense enfrenta una serie de problemas graves. Hace mucho tiempo que Canadá experimenta una escasez de médicos debida al exceso de regulación de los gobiernos provinciales del país. Algunas estimaciones indican que el sistema de salud canadiense tiene cerca de 13 mil médicos a la espera de obtener sus licencias para practicar su profesión. Poniéndolo en perspectiva, en 2021 Chile registró 3,6 médicos cada mil habitantes, mientras que Canadá solo registró 2,8, siendo Corea y Japón los únicos países de la OECD que tienen menos médicos por habitante. Además, la forma en que el Estado canadiense asigna fondos a los hospitales —de los cuales el 99% son públicos— genera incentivos torcidos en detrimento de los pacientes. Al comenzar el año, el gobierno le asigna a cada hospital un presupuesto para gastar en la provisión de salud durante los próximos 12 meses. Ese monto no aumenta durante el año y sólo se renueva una vez pasados los 12 meses, por lo que, cada paciente adicional es un costo extra que carcome los fondos del hospital. Así, cuando el año está terminando y el presupuesto se está acabando, muchos hospitales tienen el incentivo de patear las cirugías pendientes hacia el año siguiente, cuando reciban más fondos del gobierno.

Como resultado de la escasez de médicos y de la inadecuada estructura de financiamiento de los hospitales, las listas de espera en Canadá se han acumulado rápidamente. Al año 2020, solo el 38% de los canadienses esperó menos de cuatro semanas para atenderse con un especialista, mientras que en Alemania y Suiza —otros países con sistemas de salud universal— ese porcentaje fue de 67% y 68% respectivamente. Lo mismo pasa con cirugías electivas (no urgentes): mientras que solo el 62% de los canadienses logra esperar menos que cuatro meses para entrar a pabellón, en Alemania y Suiza el porcentaje de pacientes que esperan más de cuatro meses es cercano a 0.

En cuanto a las cirugías más urgentes como las relacionadas a distintos tipos de cáncer, los tiempos de espera son mucho menores, pero, durante la década 2013-2022, estos aumentaron 25%.

Lo anterior, sin embargo, no puede atribuirse solamente a la pandemia, ya que el deterioro de las listas de espera canadienses era visible desde antes de 2020. En 2019, un canadiense promedio debía esperar 21 semanas entre su visita al médico general y su hora con el especialista para obtener tratamiento, mientras que, en 1993, esa espera era de tan solo 9 semanas. O sea, la espera promedio entre la primera visita médica y tratamiento aumentó 125% en 26 años. En 2023, la espera promedio llegó a 28 semanas (196 días).

Al no existir la opción de contratar un seguro privado que les permita acortar sus tiempos de espera —como sí existe en países con sistemas similares— muchos canadienses buscan atención médica fuera del país. Las estimaciones de Barua and Ren de 2016 indican que más de 63 mil personas se trataron en el extranjero ese año, lo que, si bien solo corresponde al 1,4% de los pacientes del país, probablemente sería más si lo estimáramos hoy considerando que los tiempos de espera han aumentado. En cualquier caso, el alto número de pacientes que buscan tratamiento afuera es un claro indicador de que el sistema de salud de Canadá no es la maravilla que a menudo escuchamos que es.

No hay duda de que en la actualidad los canadienses tienden a ser muy saludables. Sin embargo, la pobre mejora que su sistema de salud ha tenido durante las últimas 3 décadas, podría revertir esa tendencia en el futuro si es que no se hacen los ajustes necesarios: desregular la oferta de médicos y cambiar el mecanismo de financiamiento de los hospitales a uno que vaya acorde a la demanda. Y aunque los canadienses, en general, les gusta comparar su sistema de salud con el de Estados Unidos —que es más severo con el bolsillo de los pacientes— les convendría más compararse con países que también tienen sistemas de acceso universal, pero que colaboran más con privados, como Australia y Alemania.

En cuanto a Chile, es claro que debemos aspirar a modelos de donde lo público y lo privado coexista y compita, ya que, como nos demuestra el caso canadiense, dejarle todo el poder al Estado es una excelente fórmula para limitar nuestras posibilidades de progreso.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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