La nueva izquierda: liberal, economicista y amante de Carabineros
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Señor Director:
Sin perjuicio del interesante paralelo entre el Aylwin de 1984 y el Longueira de 2020, realizado por José Manuel Castro y Claudio Alvarado ('El Mercurio' de ayer), las diferencias entre ambas decisiones pueden ser todavía más determinantes a la hora de que una persona de derecha se decante por la opción Apruebo o Rechazo.
Lo que hizo Aylwin en julio de 1984 fue asumir con realismo -y cierta ambigüedad- la existencia de un orden político que ya había trazado una hoja de ruta para regresar a la democracia. En definitiva, Aylwin rechazó la hoja en blanco buscada por buena parte de la oposición de la época -por vías violentas, incluso- para reformar la Constitución de 1980 en 1989.
Longueira, por su parte, en lugar de asumir la legitimidad de un nuevo orden político, asume la ilegitimidad del orden institucional vigente. A diferencia de Aylwin, Longueira abraza la idea de una hoja en blanco -que él la pretenda llenar de una forma determinada es otra cosa- y funda su actuar político en meras expectativas y en una premisa equivocada: quienes votamos Rechazo no tendríamos legitimidad para participar en la construcción de 'la casa de todas y todos', cosa que es evidentemente falsa.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
que no pueden cambiar sus mentes,
no pueden cambiar nada»