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Argentina gana otra Copa del Mundo. Ahora tienen una oportunidad para arreglar su economía Publicado en Newsweek 19.12.2022

Argentina gana otra Copa del Mundo. Ahora tienen una oportunidad para arreglar su economía

imagen autor Autor: Axel Kaiser

Después de 36 años, Argentina ganó otra Copa del Mundo. En un país con una historia de jugadores extraordinarios y donde el fútbol se vive como una religión nacional, esto se hizo esperar. 

También se han hecho esperar las reformas estructurales necesarias para que Argentina arregle su desastre económico. Al igual que en el fútbol, la propia historia argentina ofrece a sus líderes y ciudadanos lecciones valiosas en lo que respecta al éxito económico. A fines del siglo XIX y principios del XX, Argentina tenía un ingreso per cápita que superaba al de naciones como Italia, Japón y Francia. En 1895, incluso alcanzó el ingreso per cápita más alto del mundo, según algunas estimaciones. Además, el crecimiento del PIB Argentino del seis por ciento anual durante los 43 años anteriores a la Primera Guerra Mundial es el más rápido en la historia registrada

El impresionante desempeño económico de Argentina no se basó únicamente en la exportación de materias primas. Entre 1900 y 1914, la producción industrial se triplicó, alcanzando un nivel de crecimiento industrial similar al de Alemania y Japón. Todo ello estuvo acompañado de un nivel de progreso social sin precedentes en el país. En 1869, entre el 12 y el 15 por ciento de la población económicamente activa pertenecía a la clase media; en 1914, este número había alcanzado el 40 por ciento. Al mismo tiempo, el nivel de analfabetismo se redujo a menos de la mitad. 

«Al igual que en el fútbol, la propia historia argentina ofrece a sus líderes y ciudadanos lecciones valiosas en lo que respecta al éxito económico. A fines del siglo XIX y principios del XX, Argentina tenía un ingreso per cápita que superaba al de naciones como Italia, Japón y Francia».

Las bases de la prosperidad argentina fueron sentadas por Juan Bautista Alberdi (1810-1884), quien fue el padre intelectual de la constitución de 1853 de la nación. Admirador de los padres fundadores de Estados Unidos, Alberdi concibió la constitución para que el gobierno tuviera una capacidad restringida para interferir con la libertad económica y las libertades individuales. La Constitución Federal argentina contiene «un sistema completo de política económica, en la medida en que garantiza, mediante estrictas disposiciones, la libre acción del trabajo, el capital y la tierra, como principales agentes de la producción», explicó Alberdi

A pesar del éxito que permitió la constitución de 1853, en las primeras décadas del siglo XX comenzó a surgir un cambio ideológico hacia el colectivismo. En la década de 1940, con la elección del general Juan Domingo Perón, el peronismo —una versión local del fascismo— pasó a dominar la vida económica y social. Bajo Perón, se reformó la constitución, se restringió el libre comercio, aumentó el gasto público, provocando un aumento explosivo de la inflación, se introdujeron controles de precios y se nacionalizaron docenas de empresas. 

A diferencia de otros países que luego abandonaron las políticas antimercado adoptadas durante la década de 1930, el peronismo se arraigó tanto en las instituciones y la cultura política de Argentina que el país nunca logró restaurar la libertad económica. En 1975, cerca del momento de la muerte de Perón durante su tercer mandato como presidente, Argentina ocupaba el puesto 100 entre 106 países en el Índice de Libertad Económica publicado por el Instituto Fraser de Canadá. En 2020, ocupó el puesto 161 entre 165 países. 

Como resultado, Argentina—una vez uno de los países más ricos del mundo—se ha convertido en una sociedad corrupta, empobrecida y buscadora de rentas, con una inflación crónica de más del 100 por ciento anual, una tasa de pobreza de más del 43 por ciento y un éxodo masivo de jóvenes profesionales en busca de mejores oportunidades en otros lugares. 

Sin embargo, algo parece estar cambiando en el clima intelectual y político argentino. Un movimiento de libre mercado ha ido reuniendo apoyo, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Javier Milei, el principal líder del movimiento, es un carismático profesor de economía que no duda en decir que el término «justicia social» no es más que una excusa que usan los políticos para robarle el dinero a la gente, que el gobierno es la fuente de la mayoría de los problemas del país, y que el país debe dolarizar su economía. 

El apoyo popular al mensaje de Milei ha crecido tan rápido que, en las elecciones legislativas del año pasado, su coalición promercado «Avanza libertad» se convirtió en la tercera más grande fuerza política de la ciudad de Buenos Aires. A Milei, quien fue elegido para el Congreso, también le fue sorprendentemente bien entre los votantes más pobres de la ciudad, entre quienes su base de apoyo creció más que la de cualquier otro candidato entre las primarias de septiembre de 2021 y las elecciones generales de noviembre. 

Independientemente de que triunfe o no en su candidatura presidencial de 2023, el mensaje de Milei ya cambió el debate político en Argentina. Algunas encuestas muestran que el 42 por ciento considera que el movimiento de libre mercado es un avance positivo para el país. Este cambio sin precedentes en el sentimiento público podría indicar que los argentinos, de todas las clases sociales, ahora están dispuestos a apoyar reformas integrales de libre mercado. Con un cambio de régimen a la vuelta de la esquina y con el peronismo desintegrándose, la posibilidad de que los argentinos emulen su éxito futbolístico en el ámbito económico parece más realista que nunca. 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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