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Tomas buenas y tomas malas Publicado en El Líbero, 21.06.2024

Tomas buenas y tomas malas

imagen autor Autor: Juan Lagos

Gran revuelo causó la rectora de la Universidad de Chile, Rosa Devés, afirmando que una toma era comprensible en 2011 y no en 2024. Sin embargo, no muchos se detuvieron en el razonamiento que hizo la autoridad universitaria para arribar a tan curiosa conclusión. Conviene revisarla detalladamente, pues refleja con claridad la crisis de autoridades que padecemos en nuestro país.

«¡Ahora resulta que las tomas han pasado de moda! "Chiques, las tomas están out, ¡¿cómo no se enteran?!"  Es aquí donde empiezo a compadecerme de la rectora Devés y del poco margen que tiene en su casa de estudios para decir algo tan evidente como que una toma es intrínsecamente ilegítima».

Consultada por el marcaje de profesores, la rectora de la Universidad de Chile partió sus palabras así: «Han puesto mucho énfasis en el tema del marcaje, que claramente que nadie quisiera que ocurra, los estudiantes qué dicen: dicen que es por seguridad, entonces vamos un paso más allá. ¿Deberíamos tener la toma? Esa es la pregunta».

Aquí la rectora puede tener un punto si en realidad quisiera decir que las tomas son una medida tan absurda y arbitraria que nos pueden llevar a estas atrocidades, por lo tanto, si queremos evitarlas, lo que debemos hacer es impedir las tomas. Sin embargo, no deja de chirrear que la rectora le quite hierro a la gravísima situación de que en su universidad se marcan a sus profesores como si fueran ganado. En lugar de condenar esta práctica sin matices, la rectora Devés sigue a su antecesor Ennio Vivaldi cuando el exrector buscaba minimizar la agresión a la alumna Polette Vega en un campus de su universidad. Más importante que hacer universidad en serio, la preocupación tanto de Vivaldi como de Devés es proteger la imagen de la institución.

Continúa la rectora: «No es cómo me marcan para entrar a la toma, tomar mi nombre, me entregan un papel, me marcan, sino por qué tenemos una toma, esa es. Y ahí a veces se invoca que las tomas son habituales, que son históricas, se llega a decir que el año 2010 una toma de cinco meses… como si eso naturalizara las tomas».

Estas palabras tendrían asidero si no conociéramos de antemano la absurda conclusión de la rectora. Es evidente que la repetición de una práctica a través del tiempo no la hace menos atroz. Las tomas, históricas o no, representan una violación del orden institucional y deben ser tratadas como tales, perseguidas penal y disciplinariamente. Justificar una toma por su recurrencia histórica es un argumento débil que ignora los principios fundamentales de la legalidad y la autoridad.

Sin embargo, cualquier punto a su favor que podría tener la declaración de la rectora Devés se cae con lo que dice a continuación: «Y lo que creo que tenemos que entender es que, si bien son históricas, hoy no deberíamos tener tomas, porque hoy el mundo, como lo escuchamos también en esta actividad, requiere de otras formas de entendimiento, es más importante que nunca defender la democracia, defender las formas de relación, que sean respetuosas, eso hoy tiene que ver con la mantención a la democracia».

¡Ahora resulta que las tomas han pasado de moda! «Chiques, las tomas están out, ¡¿cómo no se enteran?!» Este no es un problema de justicia, sino que un problema de tendencias y los estudiantes tendrán que adaptarse a lo que «la lleva» en el mundo, tal como lo hicieron sus predecesores cuando pasaron del diskette al correo electrónico. Es aquí donde empiezo a compadecerme de la rectora Devés y del poco margen que tiene en su casa de estudios para decir algo tan evidente como que una toma es intrínsecamente ilegítima.

Finalmente, la rectora dice lo que todos leímos: «Por lo tanto, si bien una toma era comprensible el año 2011, no es lo mismo el año 2024».

Esta afirmación es incoherente porque no explica qué ha cambiado fundamentalmente en estos años que haga que una toma sea justificable en un momento, pero no en otro. Pero no pidamos coherencia interna a una declaración tan pobre como la de la rectora Devés. Los principios de orden, legalidad y respeto a la propiedad y a la educación no cambian con el tiempo. La toma de una universidad siempre es un acto ilegítimo, sin importar el contexto temporal. Justificar las tomas del pasado mientras se condenan las actuales muestra una falta de consistencia en la defensa de principios fundamentales. En definitiva, un absurdo, tan absurdo como pernoctar en la oficina en tiempos de tomas en lugar de pedir el desalojo de los usurpadores.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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