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Milei, un loco cuerdo Publicada en El Mercurio, 19.08.2023

Milei, un loco cuerdo

Un economista de 52 años, soltero, extravagante y locuaz; sin partido político, amante de los perros, con patillas de prócer y pelo de rockero; que tiene los padres vivos pero los considera muertos; que se declara admirador de Alberdi, Friedman y Rothbard; que quiere achicar el Estado disminuyendo de 19 a 8 los ministerios (Chile tiene 23) y que quiere terminar con la casta política «parasitaria, chorra e inútil», acaba de ganar las primarias argentinas con algo más de un 30%.

Lo acusan de populista pero no propone ideas populares sino más bien irrealizables.  Compromete un ajuste mayor que el del FMI pero que lo soporte el gasto fiscal y no el sector privado. Promete copiar nuestras concesiones de OOPP y cambiar la provisión estatal de salud por un seguro, para que cada persona se atienda donde elija. Quiere privatizar las empresas del Estado o cerrarlas. A Aerolíneas Argentinas le dará un año de capital de trabajo y se la entregará a los trabajadores para que la administren; quiere dejar de subsidiarla porque le parece injusto que los pobres que no vuelan financien a los ricos que lo hacen. En síntesis, quiere terminar con los subsidios estatales, los privilegios sindicales y los previsionales de «la casta». Lo contrario al populismo, y más cercano al utopismo, en un país controlado por ñoquis y piqueteros.

Cuando le preguntan si va a terminar con los «derechos sociales», llama a no confundir derechos con los privilegios de exigirle al resto que financie sus necesidades. Y señala que los derechos en los que él cree son a la vida, la libertad y la propiedad. Promete terminar con la inflación y dolarizar la economía. Son dos sus virtudes: reencantar a los argentinos con las ideas de la libertad y cuestionar el status quo socialista argentino. Los jóvenes y los pobres cansados de la mala política están con él.

«Acostumbrados a las revoluciones estatistas, es interesante una que nos propone más poder para la gente y menos para los políticos… aunque provenga de un "loco"».

¿Cómo se explica que prometiendo terminar con la política industrial estatal hasta en Ushuaia haya ganado? ¿Cómo entender este cambio copernicano en un país que desde 1949 (tras la constitución de Perón que impulsó los derechos sociales), creó un Estado de bienestar que muchos por acá envidian y que en Argentina han pagado todos con inflación, deuda externa, impuestos, corralitos y falta de oportunidades? Al inicio del siglo XX, como recuerda Milei, Argentina era el país más rico del mundo, con pampas infinitas, petróleo y gente esforzada. Hoy es el número 140. Y eso lo causó un Estado que, para dar todo, primero lo quitó todo. Por eso los argentinos tienen buenas razones para estar enojados y frustrados. Y no es de extrañar que apoyen a un admirador de Ayn Rand que les dice: «El Estado es el problema, no la solución».

Así, frente a la interrogante de qué debe hacer Argentina para volver a crecer, nos recuerda la frase de Alberdi: «¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo mismo que Diógenes exigía de Alejandro Magno: que no le haga sombra».

A una dama en la calle le preguntaron por él y esta contestó: «¿Milei? Un loco… Pero que por ahí nos saca de ésta». Argentina ha probado todas las versiones del socialismo, desde el fascismo Peronista hasta el neo marxismo kirchnerista, con los mismos resultados: crecimiento de la inflación, de la burocracia, de la deuda y de la pobreza. Por eso, para un país con una política que funciona a tontas y a locas (el 2001 tuvo 5 presidentes en 11 días), una economía desquiciada y que ha sido gobernado por personajes como los «K», no es raro que ahora los argentinos se arriesguen con un «loco» para poner cordura. Aunque la verdad es que me parece que esta partitura merece un intérprete más centrado.

Argentina ha aportado genios a todas las áreas de la humanidad. Barenboim, Quino, Messi, Borges, Sarmiento, etc. La línea que separa la locura de la genialidad es muy delgada y por lo que se ve, Milei transita peligrosamente sobre ella. El grito de lucha de Milei es: «¡Viva la libertad, carajo!»,lo que no es un mal slogan para un continente dedicado a sacrificarla a los pies del Estado. Acostumbrados a las revoluciones estatistas, es interesante una que nos propone más poder para la gente y menos para los políticos… aunque provenga de un «loco».

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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