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Gobierno con freno de mano Publicada en El Mercurio, 16.03.2024

Gobierno con freno de mano

Tengo un sobrino muy buen deportista que quería correr una triatlón, y como su piscina escasamente medía 3 metros se amarró con un lazo, a un árbol y así podía nadar sin avanzar. Esta es una solución simple que sirve para entrenar, pero no para enfrentar el verdadero desafío de una triatlón en el mar o en un lago.

Cada vez que veo la actuación de este gobierno pienso en mi sobrino. Tienen un problema grande, la solución es obvia, pero la implementan de manera que no avanzan. En seguridad, cualquier especialista sabe que es mejor prevenir que curar y que lo más eficiente siempre es la disuasión. Pero usted no saca nada con tener poder y armas si no tiene la voluntad política de usarlas. Le pasó a Estados Unidos con Obama y ahora con Biden, se le sublevan todos: Putin en Crimea y después en Ucrania; Hamas en Israel; Irán en Siria, etc.

«Mientras la solución a la seguridad sean los militares haciendo disquisiciones imposibles; a la inversión sea subir impuestos; a la previsión sea expropiar remuneraciones; a la educación bajar de los patines y a las colas de salud suprimir la salud privada, el gobierno seguirá amarrado a un árbol sin avanzar»

Ahora el gobierno ha entendido que tiene un problema de seguridad. Hasta uno de sus alcaldes le pidió sacar los militares a la calle. El gobierno decide dictar las reglas de uso de la fuerza, en que exige que los militares distingan si hay indígenas, LGBTI, menores, mujeres o personas con incapacidades. Básicamente les dice que no le disparen a nadie que no parezca macho heterosexual con facha de UDI o que parezca que tiene la temeridad de querer trabajar, entonces acribíllelo sin contemplaciones.

Lo mismo ocurre en todo orden de cosas. En Educación marcharon exigiendo educación de calidad (aunque su adalid no haya terminado la universidad). Y lo primero que hicieron fue prohibir la selección. Parecieran no entender que la calidad se logra con la convivencia, colaboración y competencia de los más dotados congregados en un proceso de selección. Esto lo sabe la humanidad hace miles de años (al menos desde la Academia de Atenas). De lo contrario, piensen cómo se juntaría la orquesta de Bocelli sin una selección previa.

Pero esta es la historia del socialismo. A los pobres los amarran a un árbol para que no progresen. Primero los educan mal en escuelas estatales, después les impiden capacitarse laboralmente imponiendo salarios mínimos superiores a su productividad, después impiden que trabajen más de 40 horas y terminan exigiendo al resto que «pague más».

Chile tiene un severo problema de baja natalidad, pero lo único que le preocupa al presidente es facilitar el aborto. Por supuesto esta es la solución para adolescentes irresponsables, pero no para un país que envejece. Pero el presidente parecer preferir la importación de sicarios venezolanos a que nazcan niños chilenos.

En economía registran el peor resultado de los últimos 40 años y su solución es seguir subiendo impuestos y aumentando la burocracia. Una vez le preguntaron al humorista argentino Roberto Modalvsky cómo sería un mundo perfecto y él contestó: «Uno en que la gelatina engordara y la pizza no». El gobierno está igual: cree que la inversión y el empleo se van a recuperar sin inversión. Más que un pacto fiscal, el gobierno debe suprimir reparticiones públicas redundantes. Se me ocurre el INDH, innecesario en un país democrático, con poder judicial y fiscalía independientes y con varias ONGs poderosas fiscalizando el tema. O el Instituto de la Juventud (INJUV) o la Defensoría de la Niñez, cuyos fondos debieran ir al Sename o Mejor Niñez. O Prochile que, en el mundo de internet y con el Ministerio de Relaciones Exteriores, es redundante.

Mientras la solución a la seguridad sean los militares haciendo disquisiciones imposibles; a la inversión sea subir impuestos; a la previsión sea expropiar remuneraciones; a la educación bajar de los patines y a las colas de salud suprimir la salud privada, el gobierno seguirá amarrado a un árbol sin avanzar. Por eso el sabio tenía razón, cuando uno no sabe adonde va, ningún camino le sirve.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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