Marzo 2021: tenso y recargado

Acaba de llegar uno de los meses más estresantes para todos los chilenos, el famoso mes de marzo. Mes históricamente temido por muchos chilenos por razones clásicas. Algunos le temen por que implica la llegada seria de las responsabilidades académicas, laborales y otras, tras un febrero generalmente marcado por la pereza que requiere fuerza de voluntad para ser vencida. Otros temen por que implica un aumento considerable de los gastos familiares: útiles escolares, permisos de circulación, uniformes, etcétera. Sin duda, los ciclos tradicionales están presentes en todas las llegadas del temido marzo. Sin embargo, marzo del 2021 es particularmente temible por distintas razones que lo hacen un mes único y recargado políticamente.

Cabe destacar que la singularidad y los riesgos de este nuevo marzo ya venían advertidos por un extraño febrero, que se mostró inusitadamente activo y lleno de desafíos políticos. Recordemos que febrero del 2021 estuvo marcado por eventos tan complejos como los incendios y protestas en Panguipulli —producto de la muerte del malabarista a manos de un carabinero que aplicaba un control de identidad—, las innumerables y violentas protestas en Plaza Baquedano que inundaban el centro de Santiago cada viernes y, como si fuera poco, la idea de un estado de sitio en la zona de La Araucanía. Así las cosas, febrero del 2021 ha sido un febrero sui generis; es decir, en vez de ser un mes tranquilo, anodino y de descanso, el mes se transformó en un preludio de los convulsionados marzos. Lo ocurrido en febrero entonces nos augura que marzo del 2021 no debería ser muy distinto a lo ya experimentado en las últimas semanas. Es probable entonces que este marzo que recién comienza sea un mes recargado de acontecimientos que giren en torno a la violencia, las manifestaciones y las pugnas políticas. Veamos brevemente dos elementos que hacen la llegada de marzo particularmente tensa:       

Primero, una recargada agenda espera a La Moneda y al Presidente en este mes. Empieza a surgir con fuerza el debate sobre un tercer retiro de un 10% de los fondos previsionales de los chilenos en sus cuentas individuales de AFP. La llegada de marzo reabrió el debate en torno a otorgar un nuevo retiro para enfrentar la crisis económica y pandémica que ha afectado a tantos chilenos. Este debate sobre el tercer retiro resulta hoy particularmente atractivo para muchos políticos populistas que buscan situarse en las encuestas de cara a la elección presidencial que ocurrirá a fin de año. Es fácil subir en las encuestas, ser populista y generoso con los recursos ajenos ahorrados por los mismos chilenos. Así, dicha onda populista e irresponsable explicaría la voltereta de la candidata presidencial de la DC, Ximena Rincón, quien pasó de postular que un tercer retiro sería “irresponsable”, a afirmar ahora que ella apoyaría en el Senado el mismo tercer retiro. A su vez, otros presidenciables del PS y del PR —como Paula Narváez y Carlos Maldonado— han manifestado esta semana que, si el Ejecutivo no entrega un nuevo paquete económico de ayuda, la alternativa sería entonces avanzar con este tercer retiro. Con todo, la situación del retiro es incierta y para poder rechazar dicha moción, el Gobierno deberá alinear primero a su sector político, cosa que no ha sido fácil para el Presidente desde octubre del 2019.

Lo que sí tenemos claro es que, de avanzar el proyecto del tercer retiro durante marzo, éste sin duda contribuirá a crispar y tensionar aún más el ambiente, ayudando a exacerbar las manifestaciones callejeras. Recordemos que en noviembre del año pasado ocurrieron enfrentamientos muy violentos en el centro de Santiago, producto de que el Ejecutivo buscó utilizar un recurso ante el Tribunal Constitucional con el objetivo de bloquear el segundo retiro del 10% —por que atentaba contra la Constitución vigente. De esta manera, es muy probable que durante marzo de 2021 se repliquen las mismas dinámicas violentas y de manifestaciones en contra del Ejecutivo que se vivieron en noviembre y diciembre del 2020, esta vez por sus nuevos intentos de bloquear un tercer retiro. Esto nos lleva entonces al segundo elemento que caracterizará marzo, a saber, la violencia y las manifestaciones masivas en el centro de Santiago.

Segundo entonces, y relacionado con lo anterior, marzo viene particularmente cargado de manifestaciones masivas y —muy probablemente— de violencia callejera, pues, además de las posibles manifestaciones en contra del actuar del Ejecutivo producto del futuro proyecto del tercer retiro, tenemos que sumarle las manifestaciones feministas del próximo lunes 8 de marzo. Recordemos que la misma fecha del año pasado tuvo una convocatoria histórica en la Alameda, en donde, y según la Coordinadora Feminista 8M, más de dos millones de personas participaron en la manifestación. Todo esto en un contexto marcado por la incipiente pandemia. Posteriormente al 8M del año pasado y durante las semanas que siguieron, ocurrieron las jornadas de la “Huelga General Feminista 2020” que dieron el puntapié inicial a una seguidilla de manifestaciones masivas durante todo aquel mes.

De hecho, cabe mencionar que marzo del año pasado fue particularmente intenso políticamente y violento en las calles. Intensidad que se vio interrumpida de golpe gracias a la pandemia, al distanciamiento social y a los toques de queda impuestos por el Gobierno. Es más, recordemos que muchos en abril del 2020 reconocían tristemente —y sin pudor alguno— que “al gobierno de Piñera lo salvó la pandemia”, ya que la llegada del COVID-19 a Chile pospuso de golpe el denominado intento de un “estallido 2.0”. Así las cosas, es probable esperar que muchos jóvenes “paladines de Plaza Italia” busquen una revancha exasperada en las calles de aquello que la pandemia (y la suerte) les quitó durante marzo-abril del año pasado. Es posible que el denominado 8M de la próxima semana dé el puntapié inicial a una nueva ola de manifestaciones que seguirá erosionado tristemente el pobre estado del espacio público del centro de la capital, como ya lo viene haciendo desde hace ya 17 meses.

En síntesis, llegó un marzo particularmente complicado antecedido de un febrero nunca visto. El último marzo bajo el Gobierno de Sebastián Piñera. Mes que se verá cargado de tensión y pugna política, manifestaciones callejeras, feminismo y de muchos riesgos y amenazas tanto a nuestra frágil democracia, como a nuestra más básica convivencia pacífica. Queda aun por verse si este marzo que recién comienza, al igual que el del año pasado, tendrá o no su propio “cisne negro” como lo fue la pandemia durante el año pasado y, de esta forma, cambie la ya predecible y dificultosa baraja del naipe.  

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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