Zoom Argentino

El peronismo recuperó la Casa Rosada. El cambio de mando de Mauricio Macri a Alberto Fernández supone todo un récord, debido a que es el primer Presidente no peronista en culminar un período presidencial en casi 90 años.

La fórmula justicialista Fernández- Fernández enfrenta un escenario complejo: un país de 43 millones de habitantes con una pobreza del 40%, en el cual existe un 8.9% de indigencia, según la Universidad Católica Argentina, y una inflación sobre el 50% en base al Indec. Una crisis generada desde 2003 a 2015, con una expansión sideral del gasto público que el gobierno de Cambiemos no logró desactivar y que ahora podría reventar en la cara del kirchnerismo, que venía a acabar con el caos que se les estaban dejando, como señalaron en la campaña.

Alberto Fernández hizo una campaña exitosa. En ella logró la mayoría de sufragios con una supuesta vocación conciliadora y moderada. Sin embargo, le bastó sólo una semana de mandato para contradecirse. Mediante un decreto selló el aumento de un 9% a las retenciones (impuesto a las exportaciones) del campo trasandino, llegando a un 27% en el caso de su producto estrella: la soja. Se había prometido no adoptar ninguna decisión de este tenor sin previamente consensuar la medida con dirigentes agrarios, pero nada de eso hubo. El campo enfrenta mayores presiones fiscales y la contradicción discursiva de la Casa Rosada. El relato político del Fernández candidato hizo agua una vez que la banda presidencial cruzó su pecho, dando la espalda a los trabajadores que equivocadamente creyeron en él.

“¿Quién gobierna realmente? ¿Alberto o Cristina? ¿Acaso el tono conciliador, moderado, dialogante de Alberto encubre el real poder del purismo kirchnerista de la vicepresidenta? Está por verse, pero como se señala en derecho, nadie puede obedecer a dos señores”.

En otra arista, repercusiones han causado las declaraciones en Twitter de la actual vicepresidenta, Cristina Fernández, al referirse a sí misma como Presidenta. ¿Quién gobierna realmente? ¿Alberto o Cristina? ¿Acaso el tono conciliador, moderado, dialogante de Alberto encubre el real poder del purismo kirchnerista de la vicepresidenta? Está por verse, pero como se señala en derecho, nadie puede obedecer a dos señores.

El liderazgo presidencial parece aún en disputa, pero ahora al interior del propio peronismo. Esto produce una severa inestabilidad política que, sumada a la económica, está pavimentando el camino a una crisis de proporciones al otro lado de la cordillera de seguir por esa senda.

La incertidumbre, por tanto, se erige imponente al igual que el obelisco. Alberto Fernández deberá despejar dos grandes incógnitas si quiere sacar a flote a la Argentina. Por un lado, definir quién está realmente al mando de la Presidencia; y por otro, si es capaz de enmendar el rumbo hacia reformas que bajen el gasto público, presenten apertura a los mercados y combatan focalizadamente la pobreza. De lo contrario, el default económico y una crisis política están a la vuelta de la esquina. En Buenos Aires resuena el eco de Soda Stereo: ‘Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa. Zoom’.

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