¿Y los chonos y los selk’nam?

Me empiezan a llegar fotos de nidos. Reconozco unos de tórtolas, siempre construidos al lote y colgando apenas de enredaderas, arbustos y pérgolas. Las tórtolas de ciudad, apáticas frente a humanos, ya andan copulando sin pudor ni glamour arriba de los deprimentes cables eléctricos. Pleno invierno y ellas solazándose. No sufren del encierro, del diputado Winter ni de Pamela Jiles.

No se han visto, eso sí, cóndores comiendo humanos, como en las tenebrosas imágenes que relata Tucídides. La UDP acaba de publicar su relato de la peste que azotó a Atenas. Los pájaros carroñeros que se acercaban a los cadáveres, parece, morían. Los doctores enfrentados a esta nueva plaga no sabían cómo actuar. De seguro no tenían aparecidos dictándoles qué hacer con seguridad mesiánica. Leí que allá la peste había llegado desde Etiopía cuando veo que mi único amigo en China sube fotos de eventos sin mascarillas. Y nosotros, acá, en unos almuerzos piñuflas donde todo está predicho. No caben sorpresas ni dilates. Lo que no aparece en Tucídides son los culpables. Los oráculos callan. En cambio, hoy, una izquierda carente de ideas interpreta la peste como el castigo por nuestro exceso de consumismo, cual sacerdotes. Increíble como siempre coinciden con ellos. Su obsesión defendiendo al asesino Córdova es la misma que la de los feligreses del Bosque defendiendo al abusador Karadima. Dos comunidades por su líder espiritual, de cosmovisión milenaria, ‘inocente’ o no, y pidiéndolo de vuelta, por un rato que sea.

A la Iglesia siempre le han generado tirria estas novedosas y heréticas ideas de los ‘derechos individuales’. También a los pueblos originarios y a las sectas. Por eso tratan de que no se entrometan en sus comunidades. Los jesuitas, en un comunicado oficial, hablan de la ‘ocupación pacífica’ de municipalidades, cura italiano impudoroso mediante. Esperemos que reaccionen igual cuando los salesianos ‘ocupen pacíficamente’ alguno de sus colegios o universidades. Se les olvidó, además, que su misión del siglo XVII, al oriente de Chiloé, es una de las causas de la temprana desaparición de los chonos, canoeros chilotes.

La izquierda defendió un derecho de propiedad ilimitado solo por votos. Años atrás se opusieron al voto femenino porque las mujeres votarían por la derecha. Y, por lo mismo, ayer preferían gritar por la gratuidad universitaria antes que paliar el hambre. Las ideas parecen ser solo instrumentales; si no, deberían pedir de vuelta a Karadima y celebrar las atenuantes para violadores pascuenses. Es triste que no podamos siquiera discutir sobre los fueguinos: los selk’nam y los haush fueron exterminados por colonos magallánicos, que hasta pagaban por las orejas de selk’nam. Sus descendientes viven al frente, en Punta Arenas, solazándose también en el frío, aunque menos apáticos que las tórtolas citadinas.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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