Y dale con lo precolombino

El imán del poder ya marea. Varios andan corriendo acríticamente tras ideas ancestrales y jóvenes. El sociólogo Eugenio Tironi, por ejemplo, escribió una columna donde comparó al mismo nivel una ideología ilustrada, hija del método científico, con unas ideas taquilleras que carecen de toda pretensión de verdad y de toda relación con la ciencia. Decía primero Tironi que las ideas que impuso la dictadura, las ideas de los Chicago Boys, eran “emergentes” y nuevas —cuando la verdad eran harto viejas—. No eran hegemonía, claro, pero eran herederas de toda una tradición que investiga de buena fe e hizo de las vacunas y la imprenta algunas de sus grandes conquistas. De hecho, a Chile, las trajo en el siglo XIX un ilustrado francés, citado por Marx y que se carteaba con J.S.Mill: Jean Gustave Courcelle-Seneuil. A muchas personas les trastornan sus principios —como la supremacía del individuo por sobre el colectivo—, o algunas de sus consecuencias —todas corregibles, como las ciudades oscuras—, pero nadie puede negar su genuina pretensión científica y, por lo demás, de estar abierta a críticas. Todo lo contrario de estas ideas fanáticas y religiosas de moda que no aceptan interpelación alguna y ahora son abrazadas lisonjeramente por tantos —hasta que les afectan personalmente—.

Días después, el mismo sociólogo dio una entrevista extrañísima en la que dijo que no había que negar el valor de la ciencia, pero que era bueno tratarla igualitariamente con los saberes “precientíficos”, ya que es “una discusión de las ciencias sociales actuales, lo que llaman pluralismo ontológico”. ¿Estará pensando en las mónadas de Leibniz? Porque es raro relacionar “pluralismo ontológico” con ciencias sociales, el comer o no Bagres y Róbalos, el Pelao Vade o Jaime Bassa, quien, además, niega toda ciencia al insistir con una atomización política en pos de una mejor democracia. Leer un poco de ciencia política no hace mal para cerciorarse, fue, literalmente, lo menos que le mandaron a decir a Bassa sus antiguos amigos.

El Museo Precolombino tiene salas cerradas, al parecer, por desfinanciamiento. Hoy día hay una buenísima exposición temporal cuyo texto dice que quieren mostrarnos «diferentes formas de comprender el ser, diversas ontologías». Quizás ahí se inspiró Tironi, quién sabe, pero ahí mismo explican las «tecnologías del deseo», ese conjunto de técnicas para saciar el deseo de controlar enfermedades y cosechas, como los curanderos, que entran «en trance y se transforma[n] para comunicarse con los espíritus, curar enfermos y predecir el futuro». Me imagino que Tironi ya se desafilió de las Isapres. Pero bueno, esperemos que el presidente Boric suba el presupuesto del Museo, uno de los mejores de Sudamérica, a pesar de que él ha negado consistentemente todo su valor público porque es un museo privado, y donado por un Larraín, y no solo un Larraín, sino que un Larraín Echenique, y abandonado por un Piñera Echenique.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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