Publicado el 06.08.2020

Violencia en La Araucanía

A propósito de lo ocurrido en Curacautín, desde Santiago se ha intentado mostrar la situación como un conflicto racial. Falso. Estamos ante el profundo debilitamiento de la convivencia entre vecinos, mapuches y mestizos, de diversas localidades y comunidades de La Araucanía, producto de la difusión de discursos maniqueos que dividen el inundo entre mapuches y winkas, y una violencia promovida sistemáticamente por décadas bajo la excusa de la causa mapuche.

Una impunidad avalada por políticos y amparada en la absurda idea de que ciertos líderes tendrían privilegios legales por su condición espiritual.

Muchos han avalado tal violencia como medio de acción sin considerar lo que ocurre al interior de algunas comunidades mapuches donde se ha alzado un rentable activismo político desde el cual surgen caudillos violentos que, con el aval del discurso que los presenta como víctimas históricas del Estado chileno, someten a personas humildes y tan mapuches como ellos, a un régimen más propio del vasallaje.

Ahí están los supuestos depositarios del rakizuam, que mediante hostigamientos ejercen su dominio sobre otros mapuches y comunidades cercanas, con total impunidad. Una impunidad avalada por políticos y amparada en la absurda idea de que ciertos líderes tendrían privilegios legales por su condición espiritual.

¿Quién se preocupa de esos otros mapuches, que quizás no sólo sufren la pobreza y la marginalidad, sino de la arbitrariedad de sus líderes?

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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