Venezuela: Perspectivas postelectorales

Al momento de escribir esta nota, los resultados oficiales de las elecciones parlamentarias venezolanas dan una ventaja irreversible y decidida a la oposición. Son 99 asientos azules contra los 46 rojos del chavismo, más unos cuantos escaños en disputa. Con esto se ha abierto una compuerta que ha liberado una fuerza adversa muy peligrosa para la supervivencia del gobierno. De hecho, la mayor parte de los analistas coincide en que esta elección fue una suerte de “plebiscito”, que aún no se sabe si sepultará políticamente a la corriente socialista revolucionaria, o solo a Maduro como castigo por su gestión.

En todo caso, para la oposición es, definitivamente, la mejor oportunidad de poder político efectivo en más de 15 años. Eso sí, está condicionada por una realidad importante: deberá cogobernar con quienes todavía detentan el poder formal en la presidencia y dominan casi cualquier engranaje clave del Estado. Ello sin contar ciertos mecanismos informales como los colectivos armados. Sin embargo, hay varios puntos favorables, entre los que quiero destacar tres:

Primero, el triunfo de Macri en Argentina ya fue un fortísimo golpe al mentón de la corriente populista de izquierda latinoamericana. Cuba, por su parte, ya esperaba desde hace buen rato el debilitamiento progresivo, pero rápido, de la Revolución Bolivariana. La inteligencia y el gobierno cubanos vigilan y analizan cada rincón de Venezuela con pasmosa eficacia. Así que de sorpresa no les han pillado. De ahí ciertas prevenciones, como el reciente acercamiento al detestado “Imperio Yanqui”. Dilma Rousseff, que en todo caso ha sido cauta y no demasiado cercana a los revolucionarios venezolanos, está en la cuerda floja. En general, la corriente izquierdista regional mengua y los apoyos incondicionales de antaño se enfrían.

En segundo lugar, los precios internacionales del único pilar que sostiene la maltrecha economía venezolana, el petróleo, tienen mal pronóstico para el gobierno porque es el alimento de sus músculos. Pero es bueno para la oposición, exactamente por la misma razón. Mientras más recursos económicos tenga Maduro, con más capacidad contará para cebar el populismo, el clientelismo y la lealtad de funcionarios y militares. Además, la petrodiplomacia siempre ayudó a neutralizar críticas incómodas. Ni hablar de la escasez y la inseguridad, que tienen a los venezolanos hasta la coronilla.

Tercero y último, la ausencia física de Chávez es una gran oportunidad, pues aquel líder carismático al que sus seguidores todo le perdonaban ya no está. Y, la verdad, Nicolás Maduro no tiene esa suerte ni ese talento. Puede usar los buzos del líder máximo y hasta recibir sus apariciones espirituales, pero no es lo mismo. Para la oposición, entonces, la orfandad del chavismo es muy ventajosa, pero deberá tener cuidado: no es prudente interpretar la victoria electoral como el golpe letal y definitivo que liquidará al chavismo. Chávez ya es mito y leyenda. Los vicios de su legado han echado raíces en la población, habituada al paternalismo populista y la beneficencia estatales. Insisto: está aún por verse si este “plebiscito” ha castigado al chavismo para el largo plazo, o solo a su heredero por haber “defraudado” al Comandante.

Así las cosas, la estabilidad de Maduro está muy erosionada. Tiene las cosas color de hormiga. Pero la oposición también enfrentará desafíos gigantescos y deberá tener temple, firmeza y cabeza fría. También tiene muy buenas razones para ser optimista por el escenario internacional conveniente y la flaqueza del régimen.

¿Qué vendrá? Pronto para aventurar pronósticos. Quedan acontecimientos importantes en los próximos días y meses que irán dibujando mejor el horizonte de Venezuela. Mi recomendación es simple: esperar. No queda otra en un país donde la normalidad institucional no existe. Y donde la arbitrariedad y la discrecionalidad, usualmente impredecibles, tienen mucho más que decir. Nada se puede descartar, aunque la esperanza de un cambio cercano y viable es muy razonable.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: