Vanidad política

Señor Director

Uno de los problemas de fondo de nuestra política es que está enferma de vanidad. Estamos llenos de narcisos cuyo único fin es figurar en las primeras planas y están dispuestos a cualquier cosa con el simple propósito de satisfacer sus egos. Así, han vuelto la actividad política un burdo espectáculo donde no se discuten principios, ni fines ni altos ideales. No es raro que en ese escenario se valide cualquier medio como forma de acción política o algunos legisladores crean que están en un circo, como recientemente lo ha mostrado Pamela Jiles, durante una situación tan seria como una acusación constitucional.

Sería bueno recordar lo que Max Weber advertía a la Asociación Libre de Estudiantes de Múnich en 1919: ‘El político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad, enemiga mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura frente a sí mismo’. Sería bueno recordarlo porque bajo el predominio de una política enferma de vanidad, surgen los narcisos por excelencia: los populistas.

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