¿Van a salir del clóset?

La izquierda —sea “radical” o moderada— parece enredada. El primero en mostrarlo fue Giorgio Jackson: el diputado, como se cree buena persona —al igual que todos los militantes de Revolución Democrática, los neojesuitas del siglo XXI—, alabó a Waze, una aplicación de celular, porque era, literalmente, “súper humilde”. Para él, dicha humildad radica en que la aplicación utiliza la información que cada ciudadano entrega instantáneamente al moverse por la ciudad. Sería el reflejo entonces de una “inteligencia de la ciudadanía”: la información dispersa en la sociedad que, dada su complejidad y velocidad, ningún tecnócrata o planificador arrogante es capaz de ordenar y codificar.

Lo que no sabía Giorgio es que con ese discurso estaba haciendo una apología del sistema de precios y del orden espontáneo de la sociedad, justamente las principales ideas por las cuales Friedrich von Hayek ganó el Premio Nobel de Economía y demostró la imposibilidad del socialismo (y el frenteamplismo). Jackson estaba alabando, aunque lo ignorase, la misma humildad que Hayek defendió en su libro «La fatal arrogancia», aunque este último jamás se haya hecho el bueno. Chistoso, a lo menos.

Luego fue el turno de Patricio Fernández, uno de los principales azuza-dores de Jackson y Cía. en el pasado, aunque más templado estos días. Fernández escribió que la izquierda en la que él creía “no tiene las cosas claras [Y] entiende que la verdad se halla dispersa y que ningún arrogante puede obligar a otro a vivir como él prefiere”. ¿No es ésta una idea bastante alejada de la principal característica de la izquierda, tan amiga de las modas y tan políticamente correcta que crucifica sin más a un cazador y/o a alguien que rechace las cuotas de género? Como bien dijo Russell, el liberalismo es el “credo de vivir y dejar vivir, de tolerancia y libertad hasta donde lo permite el orden público, de moderación y ausencia de fanatismo en los programas políticos”, donde los hombres tienen la capacidad de advertir “que pueden estar equivocados” y así tomar en cuenta opiniones distintas a las de ellos. ¿Estaremos frente a una conversión?

¿Irán todos finalmente algún día a salir del clóset?

Finalmente, hace algunas semanas, Ascanio Cavallo no se quedó atrás. En una entrevista criticó a la izquierda y a su “maldición” de transar proyectos e ideas políticas con el único afán de mantenerse en el poder y, luego —al discutir sobre el financiamiento estatal a los medios—, mostró su escepticismo y desconfianza frente al poder y al Estado. Nada más liberal y alejado de la izquierda, que históricamente siempre ha idealizado al Estado. ¿Irán todos finalmente algún día a salir del clóset? Al parecer, la famosa y tan criticada historia de Fukuyama sí estaría, en la teoría, terminando. Algo forre, pero sano, como el mismo Cavallo ha insinuado.

 

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