Valores y cultura democrática

Según la Real Academia Española (RAE), entre las palabras más buscadas en su diccionario digital durante 2020 están: resiliencia, cultura, filosofía, fascismo, poder, político, disto-pía, libertad, empatía y democracia. Es interesante que, además de las esperadas búsquedas de temas relacionados a la pandemia, los hablantes de la lengua castellana se hayan interesado (o preocupado) por términos tan propios de la ciencia política y la literatura. Esta preocupación puede relacionarse con las consecuencias que el aumento del poder de los estados durante 2020 tuvo en la libertad de los ciudadanos (de ahí las distopías), pero también en la inquietud de que algo está ocurriendo con la democracia, ya sea en sus resultados o los valores que debieran acompañarla. Y es que parece haber un desencanto global con la democracia liberal representativa, donde exista limitación del poder, donde las mayorías absolutas no tienen poder absoluto o donde simplemente, la sociedad civil se articula responsablemente. En simple, pese a que la institucionalidad democrática se ha robustecido, la cultura política enfrenta (en el mundo y también en Chile) un desafío sin precedentes.

La democracia liberal (que se practica en los países desarrollados), es un sistema que primero, pretende lograr la resolución pacífica de conflictos, por medio de reglas primarias o fundamentales como la regla de la mayoría para la elección de representantes. Además, implica un Estado de Derecho con poderes claramente separados, la protección de libertades básicas como la de expresión, asociación, religión y respeto al ámbito privado. En suma, es una forma de gobierno (reciente en proporción a la historia de la humanidad), que se ha ido expandiendo en el mundo.

¿Dónde nacen las preocupaciones? Existen estudios que alertan que incluso los sistemas más desarrollados y sólidos han enfrentado un decrecimiento en su calidad democrática en los últimos años y que cada vez menos personas viven en democracias plenas. Freedom House señala que han existido al menos 14 años de retroceso democrático a nivel global. Mientras, el Democracy Index (2020) de The Economist, muestra un puntaje global fue de 5,37/10, el más bajo registrado desde que el índice se inició en 2006, principalmente empujado por la pandemia. Además, Pew Research Center ha presentado evidencia desde al menos 2017 sobre la desconfianza e insatisfacción con la democracia representativa. Solo como dato Chile, calificó como uno de los países con menor compromiso democrático y 78% evidenció no estar satisfecho con el sistema democrático. Lo anterior se debería principalmente a la desconfianza en la representatividad de la clase política.

“El problema surge cuando, pese a que existen instituciones que sustenten la burocracia, la alternancia de las elecciones y la resolución no violenta de conflictos, las democracias se vuelven ineficientes, lentas, o su población se polariza al punto en que se pierde la cultura democrática de la sociedad”

Básicamente, el problema surge cuando, pese a que existen instituciones que sustenten la burocracia, la alternancia de las elecciones y la resolución no violenta de conflictos, las democracias se vuelven ineficientes, lentas, o su población se polariza al punto en que se pierde la cultura democrática de la sociedad. Como resultado surge el desencanto con este sistema o varias tendencias iliberales que según expertos como Larry Diamond, pueden derivar en autoritarismos competitivos o erosionar derechamente la calidad de la democracia y las garantías para los ciudadanos.

La cultura política es, en palabras simples, el conjunto de comportamientos, actitudes, creencias y valores que le dan sentido al sistema político en la ciudadanía. Por ejemplo, si una sociedad comparte que en democracia debe haber respeto y tolerancia en la convivencia de ideas distintas, ahí hay una cultura política afín a los valores de una democracia liberal. Sin embargo, cuando las sociedades comienzan a entender la democracia solamente como una lucha entre el bien y el mal, se polarizan y rechazan la resolución no violenta de conflictos, aquella cultura se pierde y prácticas antidemocráticas comienzan a surgir.

En este importante retroceso, hay una responsabilidad clave en la clase política. Primero, en los cambios en la valoración ciudadana a la democracia representativa, y especialmente, a la desconfianza general que ha surgido, acompañada de frustraciones y problemas que incluso impactan a la institucionalidad. Además, cuando se deterioran los valores democráticos, el poder tiende a concentrarse, y suelen aparecer líderes populistas que erosionan aún más la convivencia.

¿Cómo estará esta tendencia en Chile? Cuando se evalúa la democracia desde la institucionalidad, el país se encuentra muy alto en los rankings internacionales. Sin embargo, es necesario estudiar la cultura política del país, especialmente tras un año de pandemia y ad portas de un proceso constitucional.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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