University of Austin

Las ideas, explicó Friedrich Hayek, definen el curso de la evolución política y social de una civilización. Doctrinas colectivistas como el nazismo y el comunismo fueron, explicó, ideas antioccidentales cuidadosamente cultivadas por intelectuales y académicos, y difundidas por ‘distribuidores de segunda mano’, es decir, periodistas, artistas, historiadores, etc., hasta convertirse en parte del sentido común de grandes segmentos de la población.

La fuente por excelencia de irradiación intelectual son las universidades y las de lengua alemana, señaló el mismo Hayek, habían perdido toda relación con el liberalismo individualista hacia fines del siglo 19. No debía, por lo tanto, sorprendernos el auge del socialismo en sus diversas versiones.

En occidente actual se vive un fenómeno similar al que denunciara Hayek en el mundo universitario, especialmente en los países anglosajones. Las instituciones más renombradas del mundo, ha dicho Niall Ferguson, han sido capturadas por extremistas de izquierda. Estos no buscan enfrentar a los estudiantes con la verdad, sino adoctrinarlos para hacerlos serviles a una causa política de tintes revolucionarios. Especialmente grave es este problema en humanidades, el alma de toda civilización.

Un anti-intelectualismo militante ha sido infectado por el activismo de profesores de estudios de género, feministas y toda la lista de charlatanería victimista posmoderna que ya dejara en evidencia el físico Alan Sokal en 1996.

“El diagnóstico es que las instituciones existentes (Harvard, Yale, Stanford, etc.,) están irremediablemente perdidas en manos de activistas de izquierda que las han capturado, tanto en su burocracia, como en su profesorado, llevándolas a una progresiva y dañina decadencia”

El totalitarismo resultante de esta tendencia ha envenenado la vida social en general, llevando a lo que se ha denominado ‘cultura de la cancelación’, que no es otra cosa que la vieja costumbre de purgar y linchar a aquellos que se atreven a desafiar el fanatismo dominante. Casos ha habido cientos, siendo el de el humorista afroamericano David Chapelle uno de los más recientes. Pero tampoco las ciencias naturales han escapado al espíritu de esta neoinquisición, al punto de que el físico de Harvard Lawrence Krauss ha afirmado que la persecución que sufre la ciencia hoy en día se parece cada vez más a lo que ocurría en la Alemania nazi y la Rusia soviética.

Es frente a todo este proceso de declive civilizatorio que un grupo de notables empresarios e intelectuales, convencidos de que la misión de la universidad es abrazar la razón y buscar la verdad, han decidido crear una nueva institución. La University of Austin, Texas, cuenta entre sus precursores a Niall Ferguson, la ex editora del New York Times Bari Weiss, Ayaan Hirsi Ali, Steven Pinker, Jonathan Haidt y el emprendedor tecnológico Joe Londsdale entre muchos otros notables. El diagnóstico es que las instituciones existentes (Harvard, Yale, Stanford, etc.,) están irremediablemente perdidas en manos de activistas de izquierda que las han capturado, tanto en su burocracia, como en su profesorado, llevándolas a una progresiva y dañina decadencia.

Solo nuevas instituciones comprometidas con la libertad de pensamiento podrán corregir este problema, ofreciendo verdadero valor a quienes estudian en ellas en lugar de la charlatanería activista que crecientemente se enseña en ciencias sociales y humanidades. Y solo en nuevas instituciones, piensan los fundadores, se podrá escapar del ambiente orwelliano que predomina en los campus universitarios tradicionales.

Esta nueva universidad, entonces, no solamente surge de una visión clara del impacto que tienen las ideas sobre la civilización, sino que marca posiblemente una ruta a seguir en muchos países que han visto sus principales centros de irradiación cultural capturados por una agenda incompatible con los ideales más elementales de libertad y progreso humano, y que además ofrecen poco valor real a sus estudiantes.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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