Un triste capítulo de la historia

Señor Director:
 
He escrito estas palabras recordando hechos que me avergüenzan, y quiero hacerlas públicas, ya que el motivo de mi vergüenza es parte de un triste capítulo de la historia de nuestro país. Me explico.
 
En un reciente viaje por el sur vi un bloque de cemento en que se leía “Bottai”. Quedé perplejo y las reminiscencias me retrotrajeron al año 1972, cuando era un joven revolucionario de pelo largo e ideas cortas, pero prepotentes. Eran los tiempos de la Unidad Popular y yo trabajaba en el Departamento de Ejecución Directa de la Corporación de la Vivienda, que desarrollaba una amplia labor de construcción habitacional. Por entonces se me conocía como “el joven abogado”, ya que con apenas 22 años, y sin siquiera haber terminado mis estudios de Derecho, había sido nombrado jefe de su Sección Jurídica. Como tal protagonicé una serie de hechos que hoy costaría creer que fueron ciertos, y fue en ese contexto que me relacioné con la empresa Bottai.
 
La misión que se me encomendó era una extorsión en regla. El Departamento había adquirido tubos de alcantarillado de la firma Bottai para sus obras, pero la entubación fue realizada defectuosamente al colocarse los tubos sin el soporte necesario. Era una falla elemental y los tubos reventaron, con pérdidas materiales y gran escándalo público. Había que buscar un culpable y para eso estaba el “joven abogado”.
 
Con ese fin me dirigí a la firma Bottai. No recuerdo cuál de los hermanos Bottai me recibió, pero sí la dureza del encuentro, donde expuse derechamente el propósito de mi visita: ellos serían los chivos expiatorios y pagarían por nuestra torpeza, de otra manera les haríamos sentir la fuerza del “poder popular”. Y todos sabían que no se trataba de amenazas vacías en el Chile de entonces. Los Bottai reconocieron las “fallas de fabricación de los tubos” y pagaron. Mi misión estaba cumplida: se había ganado una lamentable batalla por la construcción del socialismo en Chile.
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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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