Un cable y una estrategia en Asia Pacífico

Señora Directora:

Dos propuestas competían para instalar el cable submarino de fibra óptica transpacífico: Japón, con un cable desde Tokio, y China, con uno desde Shanghái. Es indudable que el proyecto traerá un importante beneficio no solo a Chile, sino al resto de Sudamérica.

Al comparar ambas propuestas, parecía que la de Beijing no era solo más eficiente, sino además más barata (por US$ 100 millones) y con beneficios que no terminaban solo en su arribo a las costas del país.

Sin embargo, ha sido informado que Chile ha decidido ir por una de las varias ofertas entregadas por Japón, lo que se convierte en un nuevo golpe para Beijing, cuya oferta tecnológica ha generado un alto escepticismo en el mundo.

Primero, la razón que se le puede atribuir a esta decisión es que no se tomó solo en consideración la oferta económica, sino además el concepto de “soberanía digital” que manejan ambas naciones. Japón tiene una propuesta en línea con la regulación internacional y abierta sobre el uso del internet. Mientras, China se rige por un conjunto de legislaciones propias (como la ley de ciberseguridad de 2016) que se han alejado cada vez más de los estándares globales.

Finalmente, quizá esta elección es parte de los esfuerzos de Japón o Singapur por crear un nodo geopolítico Asia-Pacífico alternativo a la influencia del régimen de China.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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