Twitter hace 15 años desigual

Twitter cumplió 15 años. Nació el 2006 y en apenas cinco años ya había levantado países árabes contra sus tiranos. No tengo idea si fue realmente la causa, pero incluso años antes, el 2009, se había hecho famoso coordinando estallidos contra el Partido Comunista en Moldavia por fraude electoral ⸻acción novedosa quizás para quienes se entusiasman con Jadue⸻. Además de convertirse en una excelente herramienta para la sociedad civil, Twitter tuvo un timing perfecto. Así como el peor libro de Keynes, Teoría general, apareció justo para decirle a los políticos lo que siempre habían querido oír (y hacer) ⸻justo después de la Gran Depresión, y tal como el de Piketty después de la Gran Recesión⸻, Twitter apareció justo para que la generación hipersensible ⸻la mía⸻ diga lo que quería decir y, de paso, sosegase su ansiosa búsqueda de «pertenencia», extraviada con tanta religión y ritual despidiéndose.

Es increíble leer los carnavales y complicidades callejeras que relata la turca Ece Temelkuran mientras hace frente a los atropellos erdoganianos, calcados al octubrismo de acá, aunque con una minúscula diferencia: allá sí peleaban contra libertades vulneradas cada vez más sistemáticamente. Aunque a muchos les aburra, Pinochet ya no existe, por lo que los gritos, histerias y construcción de identidad encontraron su lugar en Twitter. Ahí, fanáticos kastistas y del Imperio Español (¿?) abogan por botar la estatua de Allende y fanáticos frenteamplistas buscan épicas debajo de las piedras ⸻educación para los ricos antes que paliar el hambre, hasta que se puso (por unos días) de moda⸻. Lo penoso es que pautean a los medios.

“Es intuitivo que la desigualdad sea un problema, si dices lo contrario, te queman. ¿Qué tiene de malo que Horst Paulmann abra Jumbos por toda Sudamérica y se haga ⸻cada vez más⸻ rico? Nada. ¿Y a la gente le importa? Tampoco. Y si mal utiliza esa plata: no es desigualdad, es injusticia”

Espero cambie, no puede ser que el tema de los sin tema ⸻intuiciones y sensaciones⸻, sea el tema. Son intuitivos y primitivos los complots y conspiraciones. Era intuitivo que la tierra fuese plana, y si decías lo contrario, te quemaban. Era intuitivo el geocentrismo, y si decías lo contrario, te quemaban. Es intuitivo que la desigualdad sea un problema, si dices lo contrario, te queman. ¿Qué tiene de malo que Horst Paulmann abra Jumbos por toda Sudamérica y se haga ⸻cada vez más⸻ rico? Nada. ¿Y a la gente le importa? Tampoco. Y si mal utiliza esa plata: no es desigualdad, es injusticia. Son varios los estudios que muestran que las personas al hablar de desigualdad no están pensando en eso, sino en injusticias. Pero los políticos operan en función de la desigualdad, controlando nuestras vidas en vez de mejorar nuestras leyes y jueces. Y por mientras, en Twitter, los sacerdotes de la desigualdad celebran ⸻y yo con ellos⸻ el éxito mundial de José Ignacio Valenzuela en Netflix. El éxito en una empresa epítome de la desigualdad, concentración y capitalismo que permite una mejora general a costa de perdedores. Insensibles todos ellos que ahora no piensan en Errol´s, Blockbuster y la caminata de barrio.  Twitter, una hoguera con el chispero fallado.

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