“The Post”: Una lección de periodismo

Además de ser dirigida por Steven Spielberg y tener como protagonistas a Meryl Streep y Tom Hanks, esta película nos recuerda que la democracia es un sistema que nos permite controlar a los políticos y el poder que manejan… muy oportuna para un fin de semana de elecciones.

La política y el periodismo rara vez (o en ninguna ocasión) pueden ser amigos. Coquetean, conviven en los mismos espacios, pasan juntos días y noches. Pero el rol de la política es tomar decisiones y el de la prensa exponer cuando esa deliberación afecta a las personas, o directamente oculta la verdad. The Post: Los oscuros secretos del Pentágono es una película protagonizada por las leyendas del cine Tom Hanks y Meryl Streep, que sirve de recordatorio de esta tensión permanente, y muestra una historia real de encubrimiento en el gobierno de los Estados Unidos que, pese a involucrar a los mismos protagonistas, no es Watergate. En este año de elecciones, este filme disponible en Netflix viene a marcar la idea de que la democracia se trata, precisamente, de cuestionar y limitar al poder.

“La película logra plantear la disyuntiva de la amistad entre periodistas y políticos mientras muestra la odisea por conseguir, inspeccionar, depurar y publicar los miles de documentos filtrados, lo que añade una sensación permanente de urgencia, propia de las salas de redacción”

The Post cuenta los eventos narrados por el ex director del Washington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks), a principios de los años 70’, cuando el New York Times recibió documentos secretos del gobierno relacionados con la Guerra de Vietnam y termina enfrentando el Gobierno de los EE.UU. en la corte. ¿La razón? Poner en riesgo la seguridad nacional. Así, Bradlee y su equipo intentan conseguir el resto de los documentos, pese al antecedente de la persecución y la delicada situación económica del medio.

En ese contexto Katherine Graham (Meryl Streep), quien toma las riendas de la compañía después del suicidio de su esposo y la muerte de su padre, tiene que compensar su responsabilidad periodística con su historia personal, provocando choques y tensiones con Bradlee. Y es que siendo muy cercana al Partido Demócrata y a miembros de sus gobiernos anteriores, le parece una traición publicar información sobre los errores y encubrimientos de aquellos actores que, en su impresión, trabajaban al servicio de su país.

En simple, las administraciones americanas sabían que era imposible ganar la guerra de Vietnam al menos desde 1966 y habían ocultado información desde Eisenhower y luego Kennedy. Esto no es un spoiler, es historia. Desde aquí la trama comienza a revelar tanto el conflicto de las lealtades como la reacción agresiva de Richard Nixon, quien -hoy sabemos- tenía otros planes en mente.

La película logra plantear la disyuntiva de la amistad entre periodistas y políticos mientras muestra la odisea por conseguir, inspeccionar, depurar y publicar los miles de documentos filtrados, lo que añade una sensación permanente de urgencia, propia de las salas de redacción. Una escena crucial para entender esto es una conversación entre Bradlee y Graham, en la cual el director narra su relación con la familia Kennedy y cómo tuvo que aprender la lección más dura del periodismo el día del asesinato de John, cuando Jackie le dice que no volverá a hablar con él jamás. Los políticos no son sus amigos, son fuentes, y deben ser cuestionados.

Las actuaciones son tan buenas como se espera de los intérpretes elegidos. Para quienes leyeron la aclamada obra de Bradlee “La vida del periodista” -libro obligatorio en todas las escuelas de comunicaciones-, Hanks refleja la actitud, tono y forma del director del Washington Post como un espejo. Streep, por otra parte, le da vida a la insegura y a la vez intrépida empresaria que, hasta ahora, no había tenido suficiente atención.

Con todo lo anterior esta obra deja una serie de enseñanzas de una era en que el periodismo “tumbaba gobiernos”. La primera es que la objetividad no se trata de no hacer amigos o tener una tendencia política -los mismos protagonistas se regodean de su visión de mundo-, sino de criticar cuando se debe y a quien se debe cuestionar, independiente de los sesgos propios. Esto parece ser Bradlee, la guionista Liz Hannah y el director Steven Spielberg dando una dura lección a los medios actuales en los Estados Unidos. Después de todo, si fuera por criticar a la política sin hacer el mea culpa, la película pudo simplemente referirse al caso Watergate.

La segunda lección, y quizá la más valiosa para el momento que vive la política chilena y los procesos electorales que se avecinan, es que la democracia es un sistema que nos permite controlar a los políticos y el poder que manejan. Los sistemas políticos no deben confiarle poder absoluto a los gobiernos, pues estos luego podrían abusar de las facultades que se les dio por buena fe.

Disponible en Netflix.

Puedes ver el trailer aquí.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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