Texas y la tormenta perfecta: mal clima + peores políticas públicas

Depender exclusivamente de energías renovables es más caro y provee peores resultados dado su avance actual. Los políticos y reguladores no quieren admitir esto porque han estado desconectando plantas nucleares y de carbón para complacer a los activistas del cambio climático y a los medios que les hacen de cámara de eco. Por otra parte, no les importa la confiabilidad de la red hasta que se corta la energía, pero los ciudadanos terminan pagando el precio.

Una mezcla de hielo y nieve se extendió por todo Estados Unidos durante el fin de semana pasado, cuando las temperaturas cayeron por debajo de 0° en el Medio Oeste y adyacencias de Houston. Olas de frío ha habido siempre, al igual que olas de calor. En 2019, por caso, Estados Unidos experimentó un vórtice polar, y nueve veces desde 1940 Dallas ha registrado nevadas diarias de 4 pulgadas o más, aunque la de esta semana es la primera atribuida al cambio climático. Sin embargo, la red eléctrica se está volviendo crecientemente menos confiable debido a la creciente dependencia de la energía eólica y solar, que no pueden proporcionar energía las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Las temperaturas y condiciones gélidas se registraron en la mayor parte del país, pero Texas no pudo manejarlas debido a su dependencia excesiva de la energía eólica, que ha dejado a la red eléctrica más vulnerable al mal tiempo. Ya se sabe, el carbón y la energía nuclear son las fuentes de energía más fiables. Pero la competencia de la energía eólica fuertemente subsidiada y el gas natural de bajo costo, combinada con una regulación de emisiones de combustibles fósiles muy estricta, ha causado que la participación del carbón en la electricidad de Texas se reduzca en más de la mitad al 18% en una década. A su vez, la contribución del viento se ha triplicado a alrededor del 25% desde 2010 y representó el 42% de la energía la semana pasada en ese estado, antes de que comenzara el congelamiento y cayera al 8%, cuando la mitad de las turbinas eólicas se congelaron. 

Las plantas de energía a gas aumentaron su producción también, pero el congelamiento del Ártico agrandó su demanda en todo el país. Los productores no pudieron incrementar fácilmente la oferta – un tercio de las plataformas en todo el país quedaron fuera de producción durante la pandemia en medio de una menor demanda de energía – y algunos pozos de gas y tuberías en Texas y Oklahoma también cerraron por el frío.

En este contexto, los precios de la energía en el mercado mayorista se dispararon y los reguladores de la red advirtieron el viernes sobre apagones continuos. Los generadores de gas natural y carbón aumentaron para cubrir la brecha de suministro, pero no pudieron satisfacer la creciente demanda de electricidad, de la que depende la mitad de los hogares de Texas para la calefacción, incluso cuando muchas familias encendieron sus hornos de gas. 

“Nos movemos en un mundo en el que no solo se sospecha de todo menos del poder político, sino que, además, se recurre a él como panacea cuando la historia muestra hasta el cansancio el error de tal conducta”

Como gran parte del país, Texas también ha aumentado su dependencia del gas natural, que escasea cuando los hogares demandan repentinamente más calefacción. Para horror de muchos, la administración Trump insistió en llamar la atención sobre esta nueva vulnerabilidad creada por la dependencia acelerada del gas natural para mantener los precios bajos mientras se frenan las emisiones: porque mientras una planta de carbón puede tener 90 días de combustible a mano y una planta nuclear necesita repostar cada dos años, las centrales eléctricas de gas no tienen tal reserva de suministro. Dependen del suministro de combustible justo a tiempo.

En resumen, no había suficiente energía de carga base de carbón y nuclear para estabilizar la frecuencia de la red en medio de cambios en la oferta y la demanda. Cuando esta energía no es suficiente, la red se desequilibra y las fuentes pueden fallar. Cuanto más se basa la red en energías renovables intermitentes como la eólica y la solar, más energía de carga básica se necesita para respaldarlas. Una de las paradojas de las políticas del cambio climático: mientras menos se quiere usar combustibles fósiles, más se los necesita.

La enorme demanda nueva, junto con la oferta limitada, hizo que los precios spot del gas natural se dispararan a casi $600 por millón de unidades térmicas británicas en el centro del país desde aproximadamente u$3 hace un par de semanas, y los futuros precios de la energía al por mayor en Texas a principios de esta semana se dispararon a $9,000 por megavatio hora desde un promedio estacional de $25.

A esto se suma que Europa y Asia también están importando más combustibles fósiles para generar calor y electricidad este invierno. Las exportaciones estadounidenses de GNL aumentaron un 25% interanual en diciembre, mientras que los precios se triplicaron en los mercados spot del norte de Asia y se duplicaron en Europa.Alemania informó recientemente que “las energías verdes se tensaron por el invierno”, señalando que la energía que están usando para hacer frente al frío “actualmente proviene principalmente del carbón, y de las plantas de energía en Lausitz que ahora están funcionando a plena capacidad”.

El carbón todavía representa el 60% de la energía de China por lo que también allí las importaciones se triplicaron en diciembre. China tiene unos 250 gigavatios de plantas de carbón en desarrollo, suficientes para alimentar a toda Alemania. A diferencia de los demócratas, los líderes chinos entienden que los combustibles fósiles son necesarios para apoyar las energías renovables intermitentes. “La escasez de energía y los precios al contado del gas increíblemente altos este invierno están recordando a los gobiernos, las empresas y los consumidores la importancia del carbón”, dijo recientemente a Reuters un consultor de Wood Mackenzie.

El punto de la política para analizar aquí es que una red eléctrica que depende cada vez más de energía solar y eólica subsidiada pero poco confiable, necesita energía de carga base para hacer frente a los aumentos repentinos de la demanda. El gas natural es crucial, pero tampoco es tan confiable como la energía nuclear y de carbón. Depender exclusivamente de energías renovables es más caro y provee peores resultados dado su avance actual.

Los políticos y reguladores no quieren admitir esto porque han estado desconectando plantas nucleares y de carbón para complacer a los activistas del cambio climático y a los medios que les hacen de cámara de eco. Por otra parte, no les importa la confiabilidad de la red hasta que se corta la energía, pero los ciudadanos terminan pagando el precio. 

Desde la “crisis energética” de la década de 1970, las decisiones que alguna vez fueron tratadas como de naturaleza técnica y económica han sido absorbidas por el circo político. El Green New Deal favorecido por los demócratas, en este sentido, no es una revolución energética, sino la máxima aspiración de dominación de lo que es el corazón del progreso de la humanidad: la energía. Sus altísimas ambiciones infundadas serían rápidamente hundidas por los votantes si alguna vez vieran lo que realmente implica. Que no es otra cosa que prohibir los combustibles fósiles y, con ello, prohibir el capitalismo al forzarlo a hacer algo que hoy no se puede, cuando es probablemente el único sistema capaz de superar la actual situación energética y proveer una solución mejor a futuro. 

Ante una circunstancia futura potencialmente problemática como presentan al cambio climático, sería razonable verificar, utilizar e incrementar el conocimiento acerca de la realidad para poder prever dichos acontecimientos y actuar de forma efectiva y eficiente. Una actuación precipitada y equivocada hace que el falso remedio sea peor que la enfermedad. Y sin embargo, los políticos y activistas no miran con aprecio soluciones que permitan continuar incrementando el progreso de las personas. 

Los estudios de crecimiento económico muestran que, siguiendo la tendencia del uso de combustibles fósiles de las últimas décadas, es posible lograr un crecimiento del 2% anual y para el 2100 aumentar el producto bruto mundial de 90 a 450 trillones de dólares americanos. Corregida esta cifra por el porcentaje máximo estimado de incremento de las temperaturas en los propios modelos de cambio climático, su aumento sería de 7% menos, es decir alrededor de 400 trillones, siempre debido al desarrollo de las naciones hoy más rezagadas. Una humanidad tanto más rica que la actual tendría posibilidades mucho mejores para preparase contra posibles efectos adversos producidos por su propia actividad. 

No hay una sola economía moderna que sea alimentada por energía solar y eólica, porque son fuentes de energía inferiores y poco confiables. Se lee habitualmente que Alemania ha demostrado que la energía solar y la eólica son fuentes viables de energía, pero no lo son. Sus paneles solares y molinos de viento pueden generar menos del 5% de la electricidad necesaria en una semana determinada, siendo que se trata del líder mundial en energía solar y el número tres en energía eólica. Y las declaraciones de esta semana de las autoridades en este sentido, son cabal prueba de ello.

El racionamiento energético y los impuestos sobre la energía causarían graves perjuicios económicos y empobrecimiento generalizado, especialmente a los pobres y a los países menos desarrollados, pero si de verdad los gobiernos estuvieran tan seguros del tema deberían imponer tales medidas disuasivas, a pesar de su impopularidad –basta ver en tal sentido el episodio de los chalecos amarillos que debió enfrentar Macron-. Pero como no quieren ser responsables de medidas no queridas recurren a imponer que sean las empresas las sindicadas frente a las personas, en lugar de transparentar su accionar. Así, las empresas devienen en responsables por contaminar, pero también por no producir suficiente energía eléctrica o por sus cortes debido a la obligación del uso de energías alternativas menos estables. 

Los problemas medioambientales pueden resolverse mediante el conocimiento científico, el avance tecnológico y el desarrollo económico. Los libres acuerdos fomentan la eficiencia de los medios de transporte y plantas de energía, y la correcta asignación y defensa de derechos éticos de propiedad impide las agresiones contaminantes. Sin embargo, nos movemos en un mundo en el que no solo se sospecha de todo menos del poder político, sino que, además, se recurre a él como panacea cuando la historia muestra hasta el cansancio el error de tal conducta. 

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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