Sobrevolando la tormenta

Albert Einstein decía que la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos y es en ella donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Hace tiempo que en nuestro país se viene hablando de crisis. Las intensas revueltas del año pasado y los efectos sanitarios y económicos del Covid-19, han propiciado un clima donde la incertidumbre, la crispación y el oportunismo político profundizan las heridas del país. ¿Qué pasó con los descubrimientos y las grandes estrategias?

Cuando los motores de nuestro avión se vieron amenazados ante la tormenta de octubre pasado, la oposición chilena se sobaba las manos y esperaba cualquier pretexto para remover al piloto de su asiento. Ahora, cuando desde la tormenta entramos este gran huracán llamado coronavirus, fueron los mismos quienes no escatimaron en buscar la forma de destruir el avión, en lugar de colaborar para repararlo. Lo peor: es la misma tripulación del piloto la que les estaría entregando las herramientas para hacerlo.  

No podemos seguir esperando que la tormenta acabe para reaccionar. Necesitamos un mínimo de decencia, unidad y colaboración política desde todas las partes para salir adelante. El gobierno no puede perder más tiempo, debe demostrar liderazgo, poner orden en la casa y defender sus ideales con convicción y seguridad. Y desde el oficialismo necesitan entender que jugar al buenismo y caer en la trampa de la demagogia fácil no hará más que causar un gran daño al gobierno, a la credibilidad del sector y al futuro de millones de chilenos.

Respecto a la oposición, estamos de acuerdo en que las discrepancias y los conflictos ideológicos en política son válidos y necesarios. Pero una cosa es discrepar sobre la configuración del modelo, en este caso el actual funcionamiento del sistema de pensiones, y otra muy diferentes ver el dolor que esta crisis ha generado en la clase media y aprovechar este sufrimiento para promover una agenda a través de propuestas irresponsable y a todas luces destructivas. Ya basta de pequeñez política.

Quizás un ejemplo admirable que refleja el espíritu de lo que la colaboración en tiempos de crisis debería ser, fueron las palabras del líder de la oposición portuguesa, Rui Rio, cuando manifestó abiertamente su apoyo al gobierno en el marco de esta pandemia. “En este momento todos tenemos que ser soldados para ayudar en este combate (…) Le deseamos coraje, nervios de acero y mucha suerte, porque su suerte, es nuestra suerte”. Una noble demostración de civilidad y respeto, que si bien no les impide criticar la gestión cuando la situación lo amerite, sí deja en claro que ya no es momento de jugar a ver quién tira la cuerda más fuerte.

Creo que Einstein tenía razón, y la crisis puede ser una bendición, pero se necesita cierta cuota de voluntad, cooperación y liderazgo para sortear las dificultades y salir adelante. Aún estamos a tiempo para reaccionar y poner fin a este eterno show circense donde al final del día los más perjudicados serán, una vez más, los más vulnerables.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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