¿Sin renuncia a qué?

Detrás de los mecanismos, políticas públicas y programas de gobierno, hay principios e ideas. ¿Cuáles son las que están detrás del reciente “realismo sin renuncia” de Bachelet? No queda claro. Entonces, ¿A qué no se está renunciando?

El problema del gobierno no es simplemente técnico ni de políticas públicas, sino eminentemente ideológico y político. No creen en la democracia liberal como régimen político, ni en la libre empresa como base del progreso y el orden económico.

No debemos olvidar que la Nueva Mayoría, la “nueva coalición” surgida al alero del voluntarismo y el enorme deseo de volver al poder de la alicaída Concertación, se instaló en La Moneda apelando y fomentando a un claro discurso anti empresarial –el famoso video para promover la reforma tributaria es un ejemplo- anti lucro, anti privados, anti libre mercado, anti ricos, anti dinero. Es decir, apelaron a un discurso que claramente podríamos considerar socialista o estatista de viejo cuño, al que le acomodaba muy bien como objeto de odio, “el modelo”.

Muchos se niegan a asumir esto, incluso desde el propio gobierno. Niegan tener como referentes a países del antiguo y fracasado socialismo real, y siempre utilizan de ejemplo a países escandinavos con sus sistemas de bienestar e incluso algunos usan de ejemplo a los propios Estados Unidos o Alemania, donde el Estado tendría más injerencia en los asuntos sociales. Pero en esa negación, adornada de eufemismos de diverso tipo, obvian que esos países siguen siendo profundamente capitalistas, donde la libre empresa prolifera.

Muchos dicen que no quieren que seamos Venezuela o Cuba, sino que “el modelo neoliberal” se acabe, que la Constitución de Pinochet se acabe, que la desigualdad se acabe, que el consumismo se acabe, que la salud, la educación no sean un negocio, etc. Nunca aclaran qué quieren realmente con las reformas o cómo quieren llevar a cabo aquello. ¿En serio creen que lo harán instaurando un modelo socialista o alguna clase de híbrido de corte populista, donde la economía sea mayormente intervenida?

Por cinismo o simple ignorancia, la Presidenta y la izquierda en general aún mantienen la gran mascarada de que el socialismo es posible a pesar de sus constantes fracasos para generar más bienestar y progreso para todos. No por culpa del imperio ni la oposición como dicen, sino porque las ideas son erradas en su base.

Detrás “del realismo sin renuncia” se esconde el simple voluntarismo de la Presidenta, que aún parece creer posible construir una sociedad basada en los principios del socialismo, donde el Estado controla y administra la vida social, económica y política. Pero claro, decirles a los chilenos que lo que se quiere es que sean los funcionarios, desde el municipal al ministerial, quienes rijan sus vidas para que no sean consumistas, glotones, egoístas e incultos al elegir colegios, no suena bien. Mejor hablar de justicia social, de lucha contra la desigualdad, mientras se acrecienta la burocracia y se promueven regulaciones o ministerios diversos.

La Presidenta debe dejarse de ambigüedades y definir su discurso político e ideológico. Los partidos de su coalición son anti capitalistas y anti liberales, eso es claro. Más honesto sería que dijeran frente a la ciudadanía que creen más en el socialismo como sistema político y económico, que en la democracia liberal y la economía libre, que es la que ha generado progreso y prosperidad en las naciones occidentales. Anda mucho socialista ambiguo y poco claro en el debate público.

Hoy no es muy adecuado decir que se tiene a Venezuela como referente, sin duda. Pero deberían ser honestos y asumir que su ideal es el socialismo. Por otro lado, los que creen en la democracia liberal y el libre mercado, deberían dejar de confundir los principios liberales con los meros mecanismos o instrumentos hoy existentes, y empezar a disputar el poder político y los espacios de significado. Es decir, empezar a construir hegemonía.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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