Sicario y neoliberalismos

Señor Director:

No tendría ningún sentido hablar de una “Travesía” si es que los miembros de la Escuela de Arquitectura de la PUCV no se reconocieran tanto en el término como en el hecho. Menos si se dijese que esas “Travesías” abogan por crímenes o renegasen de la poesía. Eso ocurre con el “neoliberalismo”: mentiras y contradicciones, como explica Felipe Schwember (viernes). Un ejemplo de esto es lo escrito por Ignacio Walker, epítome de las vagabundas ideas presentes en los “numerosos libros sobre el neoliberalismo” de los que habla Agustín Squella. Me concentraré en una.

Hace meses, acá, en su mismo diario, J. T. Vicuña, director del Servicio Jesuita a Migrantes, tuvo la desvergüenza de decir que el asesinato cometido por un sicario colombiano era en realidad responsabilidad de “la sociedad”. Una reflexión sensiblera propia de gente buena que solo evade el problema y, lo peor, que apoya la retórica que justifica destruir esa sociedad que se debería proteger y cultivar. Ahora, manifestarse en contra de esta aberrante afirmación no implica decir que la sociedad no existe, sino todo lo contrario. Andar culpando de cualquier cosa a “los ricos”, “los inmigrantes” o “la sociedad” solo difumina causas y responsabilidades, y ha sido históricamente una de las principales técnicas retóricas de quienes, a través de sus mitos y relatos, han destruido sociedades.

La sociedad no tiene responsabilidad de nada, porque no se le puede hacer responder por sus acciones ni está sujeta a la ley. Es, por lo tanto, una ridiculez sentirse bueno y pasearse por el mundo gritando cosas así. A esto justamente se refería Margaret Thatcher cuando dijo esa frase que Walker, de la misma sensibilidad estética que Vicuña, ahora califica como teoría fundamental del “neoliberalismo”. Dice Walker que esta ideología creería en la inexistencia de la sociedad. Esta afirmación es la más divertida de todas las de su carta (jueves). Sobre las otras vaguedades y confusiones conceptuales no me explayaré, pero todas demuestran lo deprimente y analíticamente inútil de ver esa palabra siendo utilizada para explicar fenómenos sociales, incluso por gente parte de la “Concertación neoliberal” que fue incapaz de defender sus luces y reconocer sus sombras ahora que se cae el país.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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