Se acabó la locura, es hora de la cordura

Validando las encuestas previas, han pasado a segunda vuelta los candidatos Kast y Boric. Suman algo más del 53% de los votos. La lucha por el 47% restante será enconada. Para ganar, los dos tendrán que alejarse de la élite, acercarse a la gente y moverse al centro.

Pero ¿dónde está la gente y qué es el centro hoy día? Afortunadamente no es Narnia ni la Tierra del Nunca Jamás, sino que es el lugar donde vive el 60% de los chilenos que no es ideologizado. Es el lugar donde si Nicolás tiene dos o tres papás a nadie le importa, pero sí les importa que tenga al menos uno que se haga responsable de la educación y de sus gastos de crianza; es el lugar donde habitan los que creen que la violencia nunca es buena, pero como lamentablemente existe y hay que disuadirla, es mejor tener más policías y no menos y que estos puedan usar la fuerza y no anden con un pito y una luma defendiéndose de narcos con ametralladoras o delincuentes con molotovs; es el lugar donde les dan la bienvenida a los extranjeros que nos visitan, pero resienten a los que nos invaden o a los que hacen colapsar los sistemas de salud; es el lugar donde se sienten orgullosos de nuestro himno, nuestra bandera y de nuestro país y no quieren verlo dividido ni inventando ciudadanos de primera o segunda clase.

Ese Chile no siente vergüenza de su historia y está preocupado de su futuro. Pero es un Chile difícil de complacer porque vive en una permanente contradicción queriendo salvar el planeta pero con energía barata, mejorar su pensión pero sin ahorrar, y ganar más pero trabajando menos.

¿Qué debe hacer Kast para ganar? Olvidarse de Pinochet y dejar que lo juzgue la historia; reconciliarse con la ONU y evitar alienar a las mujeres que quieren su ministerio (mejor que termine con otros organismos fiscales que son más caros y menos queridos); acercarse a todos los partidos, desde Evópoli, Ciudadanos y Progresistas con Progreso hasta Republicanos; mostrar un equipo diverso pero coherente, rehacer su programa para que sea más convocante y realista. Pero sobre todo, no perder el norte de sus promesas en materias de orden público; de equilibrio del gasto público, de una inmigración ordenada y de contención de la inflación.

¿Y qué hay de Boric? Gabriel debe dejar los lugares comunes porque cuando se habla de conceptos etéreos e inspiradores suenan bien la primera vez, pero después suenan aburridos y vacíos. Y entender que cambio y progreso no son sinónimos, sino que en su programa parecen antónimos. Deberá entrar en los problemas reales de la gente de a pie, para lo cual hay que saber algo de economía, derecho y sociología. Boric la tiene difícil: obtener el voto comunista condenando la violencia, conquistar el voto moderado concertacionista sin abdicar de un programa que es una receta para un fracaso económico, atraer el voto de la gente mayor que no quiere inestabilidad sin alienar el voto juvenil que no solo la desprecia, sino que vive y se nutre en la inestabilidad.

El Congreso, al cierre de esta edición, quedaba conformado en forma razonablemente equilibrada, particularmente el Senado. Esto es bueno para Chile. Vistas las composiciones del Congreso y la Convención Constituyente, es importante que la centroderecha logre la presidencia. Esto nos asegura que la nueva Constitución o sale razonable y nos representa a todos, o tendremos un líder claro que encabece la oposición en contra de ella.

En resumen: este lunes el té sabe más dulce y la marraqueta más blanda.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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