Repensar la salud en tiempos de pandemia

Sin duda la pandemia continúa siendo el tema central del debate público desde hace más de un año. Las autoridades políticas siguen apostando a medidas extremas y restrictivas, adhiriéndose a la idea de que la salud es lo primero. Sin embargo, estas voces olvidan que el concepto de salud es mucho más amplio y complejo que los marcos meramente “físicos” o “corporales”.

El constructo de salud trasciende las implicancias epidemiológicas del COVID-19, afectando dimensiones menos visibles, pero de igual relevancia.  Es fácil notar la correlación entre el aislamiento social y sus efectos negativos en nuestra salud psíquica. De hecho, la encuesta Ipsos, arrojó a Chile como uno de los países con mayor autopercepción del empeoramiento en la salud mental (56%), solo superado por Turquía:

Estudios publicados en The Lancet dan cuenta de los efectos colaterales negativos de la pandemia en materia de salud psíquica. La ansiedad se ha visto exacerbada por las medidas restrictivas extremas (Kola et al, 2021). No debemos olvidar que tanto la ansiedad como los trastornos del ánimo son uno de los mayores contribuyentes de la disfuncionalidad laboral. Otros estudios demuestran que el aislamiento y el “estrés económico” han aumentado el índice de consumo de sustancias, abuso sexual y violencia intrafamiliar (Holland et al, 2021). 

La gravedad es tal, que otros índices se han elevado con efectos catastróficos, como el incremento del suicidio. Esto surge como resultado de la creciente exposición a factores de riesgo, como las crisis económicas, la inseguridad laboral y el desempleo. Ante ello, es relevante replantear el efecto económico en la salud mental. Es entendible que algunos se vean ofendidos ante los análisis económicos, por considerarlos algo “utilitaristas” frente a la devastadora experiencia de un contagio. Sin embargo, ni la salud ni la economía pueden escindirse en categorías excluyentes, debido a que lo sanitario no deja de inmiscuirse en los asuntos económicos y viceversa. Confirma esto último el informe The Impact of Covid-19 on Global Mental Health de 2020.

Otro punto de gran relevancia es el efecto de la pandemia en niños y adolescentes, donde se observa el aumento de síntomas ansiosos y depresivos. Nuevamente, estudios han demostrado que los desastres económicos se relacionan a un mayor riesgo de abuso, maltrato infantil y negligencia de parte de sus cuidadores (Ravens-Sieberer et al, 2021).  

Junto a esto, los niños y adolescentes se han visto fuertemente perjudicados en el área del aprendizaje. Esto afecta sobretodo a los más vulnerables, aumentando —aún más— la brecha educacional. Además, uno de los riesgos advertidos sobre la suspensión de las clases es la deserción escolar, cuyos efectos pueden ser abismales tanto para el individuo, como para la sociedad,  debido a la correlación con el consumo de sustancias, la delincuencia y  el gasto social (Eyzaguirre et al, 2020). De esta forma, la discusión sobre salud psíquica lejos de competir con la seriedad del debate sanitario, lo complementa. La necesidad de hacer reflexiones más amplias y abiertas sobre el porvenir de nuestra sociedad son urgentes y para ello, es esencial integrar una comprensión de la salud mental como parte del mismo sistema que rige la salud física.

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