Relevo

El último cambio de gabinete del Presidente Sebastián Piñera tiene sus causas. Las múltiples derrotas y harakiris propinados por los díscolos oficialistas -aunque tal vez esto último sea un oxímoron-, sumado a un agotamiento del diseño personalista del piñerismo, provocaron irremediablemente un nuevo cambio de gabinete que, esperemos, involucre también un cambio en la gestión política.

Con una mezcla de renovación generacional (Jaime Bellolio) y experiencia (Andrés Allamand), junto a experiencia parlamentaria y tonelaje político, el Presidente Piñera jugó sus cartas en búsqueda de un mayor orden de coalición para otorgar gobernabilidad. No nos engañemos, ninguna modificación habría dejado satisfecha a la oposición, por algo es oposición, y el Gobierno no tiene razón para contentarlos. El nuevo gabinete cuenta con elementos suficientes para presentar sus cartas, dialogar y sellar acuerdos para las reformas necesarias e imprescindibles, como la previsional.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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