Registro civil y la muerte por inanición

Menos mal que el Registro Civil, que lleva casi un mes en paro afectando a miles de personas, no se encarga de los alimentos u otros bienes o servicios. Imagine lo que ocurriría. Peor aún, imagine si el Estado tuviera control sobre cada aspecto de la vida económica y social de los chilenos. Pero claro, ante las colas, las quejas, la escasez de diversos bienes o servicios y el caos por la falta de alimentos o medicamentos, el gobierno acusaría un complot en su contra. Peor aún diría que es uno contra el pueblo. Todo para camuflar su propia ineficiencia y el error de fondo en todo esto: reemplazar el libre mercado, la oferta y la demanda, por la administración estatal centralizada y burocrática.

Paradojalmente, aun cuando el paro del Registro Civil demuestra los estragos que el monopolio del Estado podría generar al reemplazar la libre cooperación del libre mercado por la discrecionalidad de los funcionarios estatales en la distribución de algún bien o servicio, en Chile existe la clara tendencia a extender la planificación burocrática del Estado en cada ámbito de la vida social.

Bajo la panacea de la estatización como solución mágica para todos los problemas, se plantea reemplazar el ámbito de la libre empresa y la iniciativa privada por el monopolio del control burocrático del Estado y sus cada vez más numerosos funcionarios, no sólo en la educación sino también, ahora sutilmente, en la provisión de medicamentos. Muchos lo hacen obviando las ruinas que dicho reemplazo ha generado en realidades concretas como Venezuela o Cuba, donde no sólo escasean alimentos y medicamentos -al menos para la gente común- sino que las personas están sometidas al capricho de funcionarios públicos de dudosa calaña. Obviamente, en dichos países las élites y burocracias gobernantes siempre tienen de todo.

En Chile, los diversos grupos de presión –en el intento de cazar rentas estatales mediante la creciente burocratización y estatización que impulsa el gobierno- no se detienen en ese proceso que dará paso a una nueva tiranía sutil donde el funcionario estatal subyugará diariamente al ciudadano común, sometiéndolo a su arbitrio en nombre del servicio público. Tal como hoy ocurre con el Registro Civil. Lo peor es que bajo un régimen estatizado sin libre empresa, las colas de mañana no serán por certificados sino por comida. Usted decide.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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