¿Quién quiere ser niñera?

Carabineros se cansó de ser una especie de niñera, encomendada por el gobierno, que debe evitar los arrebatos vandálicos de supuestos indignados y luchadores sociales, escondidos tras las capuchas. Se aburrieron de ser vistos como tutores de irresponsables, que se presumen revolucionarios, a quienes supuestamente se les debe comprender. Se cansaron de recibir cientos de críticas, siendo vistos como únicos responsables de cada desmán, ya sea por, supuestamente, provocar o no aplicarse con rigor, es decir, como policías que deben imponer el orden frente a los criminales.

La protesta radicalizada, anunciada de forma amenazante en días anteriores, por ciertos dirigentes estudiantiles, tocó fondo este 21 de mayo con la muerte de Eduardo Lara. Carabineros ya no quiere ser cómplice ni testigo pasivo del delito que en cada marcha se manifiesta sin responsables. Porque quemar edificios, con o sin personas dentro, no es protesta ni libre expresión: es criminalidad pura y dura. Lo de ayer marca un punto de inflexión. Carabineros se cansó no solo de las niñerías de un gobierno apático frente a hechos criminales, sino, también, de la hipocresía de una ciudadanía que, aunque diga indignarse ante la violencia de los vándalos, la termina justificando indirectamente al culparlos a ellos de provocar la ira de los encapuchados

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