Qué pasa con la competencia

Ante la colusión del papel higiénico entre CMPC Tissue y SCA Chile, las críticas se han centrado en los detrimentos a los consumidores, pero poca atención se ha puesto a los perjuicios hacia los competidores de esas empresas. La empresarialidad se funda en la libertad que tiene cada sujeto para ofrecer productos y servicios sin tener obstáculo para hacerlo y sin impedir a otros hacerlo. A partir de eso, las personas intercambian de manera pacífica y voluntaria diversos productos en la medida en que consideran ventajoso tal intercambio, en base a sus valoraciones subjetivas y sus preferencias temporales.

Esa es la ética de la libertad económica que, entre otras cosas, promueve la libre concurrencia, la libre competencia y mercados abiertos. En ese sentido, el libre intercambio es algo profundamente moral, pues las personas recíprocamente se reconocen como agentes válidos para comerciar. Pero, además, en el libre mercado nadie obliga a otro a consumir sus productos si el otro no los quiere o no los desea.

Esto implica que tampoco se puede impedir a alguien dedicarse a una determinada actividad económica, como ocurría en sistemas mercantilistas o centralmente planificados, donde el Estado determinaba no solo los precios de los productos, sino quienes podían producirlos o venderlos. El problema de la colusión del confort está reñido éticamente, no porque se venda un papel confort más caro en una góndola o porque se ofrezca a un precio supuestamente “no justo”, sino esencialmente porque contraviene los principios éticos que fundan la libre competencia.

En ese sentido, el caso es claro ejemplo de la mentalidad anti libre competencia que algunos empresarios promueven, más en desmedro de sus competidores que de los propios compradores. Eso lo olvidan muchos al hacer sus descargos contra los coludidos, culpando a la libre competencia (cuando ellos se concertaron contra la misma) e incentivando apetitos interventores que ven en el libre intercambio y la economía libre algo indebido o inmoral.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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