“Primero mataron a mi padre”: El testimonio de una víctima del Khmer Rouge

Basada en una historia real, esta película dirigida por Angelina Jolie vuelve la mirada sobre el régimen comunista que se instaló en los 70 en Camboya y que exterminó a un tercio de la población del país. Una lección de resiliencia y un recordatorio de lo que se vivió en ese y otras partes del mundo.

Hay muchas razones para visitar Camboya: sus playas, su cultura, su historia, sus ciudades o monumentos ancestrales. Al mismo tiempo, es un país con cicatrices profundas. Entre 1974 y 1979 un gobierno intentó borrar todo lo que había y construir una sociedad desde cero bajo el ideario comunista de Pol Pot. Esto devino en la destrucción de la sociedad y en la muerte de un tercio de la población del país. Tres millones de padres, madres, e hijos que fueron llevados a los llamados “campos de exterminio”, muchos de estos aún sin descubrirse.

“Primero mataron a mi padre” (“First they killed my father”) es un cruel recordatorio de estos eventos a través de los ojos de una menor que sobrevivió la separación y muerte de su familia, siendo incluso convertida en una niña-soldado. La entrega, disponible en Netflix, producida y dirigida por Angelina Jolie, muestra lo terrible de esta época, pero además da una lección de resiliencia propia de esta desgarradora historia y de las injusticias que le siguieron.

Tuve la oportunidad de conocer los campos de exterminio y las prisiones antes de ver este film. Era 2018, y las lágrimas que cayeron por mis mejillas al escuchar la historia de los presos en Phnom Penh, muchos asesinados por el terrible crimen de conocer una lengua extranjera o usar lentes (un símbolo del intelectualismo). Vi las cicatrices de este régimen también en las calles. Mientras caminaba por la orilla del río Mekong, un joven sin extremidades que vendía libros y revistas me sonrió y me regaló un mapa de la ciudad: de los puntos más oscuros de la ciudad. Tenía un letrero colgado que advertía a la gente que él era víctima de las minas terrestres de Pol Pot. Entre los libros frente a él se encontraba una copia de “Camboya: Año Cero” de Francois Ponchaud y otro de Loung Ung, autora de la biografía “Primero mataron a mi padre”.

Ung, quien ha luchado por desmantelar los campos minados (causa por la que ha ganado un premio Nobel de la Paz), escapó de Camboya aproximadamente a los 10 años y ni siquiera conoce el día de su nacimiento, pues el Khmer Rouge destruyó millones de documentos oficiales sobre los habitantes del país. Por lo mismo ha sido tan difícil encontrar los campos de exterminio y se siguen desenterrando víctimas de aquel régimen.

Con este contexto es posible entender mejor la película, que comienza con la toma de la ciudad por parte de este movimiento revolucionario, y la lucha de su padre por sacar a su familia de la ciudad, sabiendo el destino que les esperaba si descubrían que eran parte del antiguo régimen. La familia de Ung se muda al campo y se convierten en ciudadanos de segunda categoría (puesto a que crecer en la ciudad era símbolo de occidentalización), hasta que denuncian a su padre y jamás lo vuelve a ver. Luego de esto, Ung va perdiendo uno a uno a los miembros de su círculo, y acaba reclutada en una milicia de niños para plantar minas.

Hay varios elementos simbólicos en la trama y cinematografía. Primero, pese a que es una producción estadounidense, está grabada en el idioma original del país, lo que conecta a los personajes con la historia perdida de Camboya. También se convierte así en una pieza a disposición de un pueblo cuya historia fue literalmente “decapitada”, como las estatuas de Buda. Luego, al contar lo ocurrido en los ojos de una niña, que no entiende de revoluciones, de política ni de ideologías. Esto ayuda a quitar comparaciones o caer en la relativización de la situación. Después de todo, la comunidad internacional defendió este régimen hasta los años 90, cuando se descubrieron los campos de exterminio. Finalmente, la obra hace referencia (y hasta homenaje) a los sobrevivientes de esta masacre, mostrando la importancia de la resiliencia incluso en los momentos más oscuros.

La recomendación, además de ver este dramático testimonio, es leer antes o después sobre la historia del Khmer Rouge y su régimen genocida. Algo que incluso le crispó los pelos al país vecino, Vietnam, que derrocó a esta guerrilla en 1979 y ocupó el país hasta hace poco.

Trailer aquí.

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