¿Por qué peleamos y para qué ganamos?

Ocho millones de chilenos votamos rechazo, 290 mil más que la suma total que votaron en el plebiscito de entrada. El rechazo tuvo más votos que los 155 convencionales; ganó en las comunas pobres y ricas, con mayorías indígenas o mestizas; ganó en 338 de las 346 comunas de Chile; ganó en hombres, mujeres, jóvenes y viejos. Es un triunfo transversal, abrumador y elocuente que nos obliga a recordarles a todos por qué peleamos y para qué ganamos.

Peleamos por la persona y su valor intrínseco con independencia de su sexo, edad o etnia. Todos somos chilenos iguales en dignidad y derechos. Peleamos por que se elijan los más votados y no los reservados.

Peleamos por tener un Estado eficiente y un sistema político eficaz, elegido y dirigido por adultos, con menos burocracia y mejores servicios públicos. Votamos por que el dinero de los contribuyentes se invierta en la gente y no se gaste en política y burocracia. Votamos por un Estado que cuide nuestras libertades, no por uno que las someta. Queremos una red de protección estatal que nos proteja al caer no una que nos impida volar.

“Votamos por un Estado que cuide nuestras libertades, no por uno que las someta. Queremos una red de protección estatal que nos proteja al caer no una que nos impida volar.”

Peleamos por nuestra libertad y autonomía para elegir el colegio que eduque a nuestros hijos, el doctor que sane a nuestros enfermos y el Dios al que le encomendamos nuestra alma. Ganamos para que nunca más alguien se atreva a decirnos cómo debemos ser felices.

Peleamos para ser dueños de nuestras casas y ahorros, y por el derecho de preservar el fruto de nuestro esfuerzo, porque no existe libertad donde no hay propiedad.

Peleamos por un gobierno que cumpla y haga cumplir la ley, que respalde a la policía y que asegure que los malos sean procesados y los buenos protegidos. Sin ley, orden y seguridad tampoco existe libertad.

Peleamos a favor de la inmigración, pero en contra de la invasión. Queremos el número de extranjeros que nuestra economía pueda absorber, nuestra seguridad pueda controlar y nuestros servicios públicos puedan atender. Ni uno más y ni uno menos.

Peleamos por un Estado responsable y austero que no gaste lo que no tiene ni prometa lo que no puede. Un Estado que no sirva de botín para los inescrupulosos, de plataforma para los demagogos ni de púlpito para los mesiánicos.

Peleamos por tener una República con tres poderes del Estado con facultades definidas, que se controlen recíprocamente y donde el poder judicial sea independiente, profesional y los jueces apliquen la ley y no hagan política.

Peleamos por la independencia y libertad de la sociedad civil. Para que gremios, sindicatos y juntas de vecinos no estén subordinados al Estado ni a la política. Votamos por que exista libertad para fundarlos y asociarse. Votamos por expresarnos y opinar libremente sin miedo a cancelaciones ni funas.

Peleamos por una constitución que entendamos todos, escrita en un castellano simple y directo. Y rechazamos una escrita en un lenguaje ambiguo que la interpretan los poderosos. Peleamos por un himno, una bandera y una nación. Peleamos por una constitución que honre nuestras tradiciones y abrace la modernidad. Queremos una que sea un espejo que nos refleje a todos y no uno que distorsione o magnifique a nadie. Votamos para que cualquier partido o persona gane el poder, pero para que ninguno se apropie de él. No rechazamos un panfleto ideológico para moderarlo, sino que para cambiarlo por un pacto social.

Esta elección la ganó la sociedad civil y el sentido común. La perdió la ideología y la ignorancia. Este fue el triunfo del castellano sobre el lenguaje inclusivo; de la patria sobre “los territorios”; de la paz sobre la violencia; de la mayoría silenciosa sobre la elite iluminada; de la Pintana sobre “Ñuñork”; del individuo sobre la tribu; de la Sra Juanita sobre la Malucha y de las personas sobre el género.

El 4 de septiembre de 1970, la ultra izquierda asaltó la democracia con la fuerza de los votos y 3 años después la perdimos con la fuerza de las armas. El año 2019 volvió a asaltarla, pero esta vez con la fuerza del fuego y el saqueo. Por esas paradojas de la historia, este 4 de septiembre los demócratas la defendieron con la fuerza de los votos. Por eso el Presidente se equivoca: en este plebiscito no se detuvo la historia solo evitamos que la descarrilaran de nuevo. Feliz 18 y ¡Viva Chile!

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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