Política barrabrava

«A mí me encantaría que pasaran a ser un actor político relevante, pero en la medida que quieran conversar». Este era el sueño de la diputada Ximena Ossandón respecto de las barras bravas. Esto hoy puede parecer un disparate, pero la Nona es más hábil de lo que parece. Lo dijo en febrero de 2020, momento en que el delirio octubrista revistió de una insólita legitimidad a estos grupos de inadaptados. Fiel a su abolengo demagógico, Ossandón se subió a ese carro con una afirmación sin sentido y una prevención ridícula, ante lo cual no queda más que preguntarle sin antes agradecerle: “Gracias, diputada, por advertir que usted quiere esto solo ‘en la medida que quieran conversar’. Sin embargo, ¡¿por qué quiere sean políticamente relevantes?!” 

Recordemos que in illo témpore, las barras bravas gozaban de un prestigio sin precedentes, todo gracias a un cartel pegado a los siniestrados pies de la Torre Telefónica que decía: «Perdimos mucho tiempo peleando entre nosotros». Seis palabras y cada una con una tipografía representativa de los equipos más grandes del fútbol chileno. Era la demostración de que el “pueblo de Chile” era capaz de unirse en pro de la “dignidad” dejando de lado incluso sus pasiones más íntimas. Este mensaje conmovió hasta al presidente Gabriel Boric, quien en noviembre de 2019 subió dicha imagen a sus redes sociales. 

Pero se trataba de otro montaje como el Rodrigo Rojas Vade. Como bien lo demostró Juan Cristóbal Guarello en su libro País barrabrava, estos grupos no incidieron en la suspensión definitiva del fútbol profesional —más relevante fue la comodidad que esa medida provocó en los clubes y en los jugadores—. Tampoco estuvieron en el inicio de la insurrección de octubre ni participaron en sus hitos más relevantes. A su vez, fracasaron en todas las convocatorias que hicieron motu proprio y nunca estuvieron en una manifestación en Plaza Baquedano marchando en conjunto, salvo el 18 de octubre de 2020, día en que la Garra Blanca y Los de Abajo se enfrentaron de forma brutal, tirando por la borda el verso octubrista. 

«La dinámica esencial del barrabravismo es «la intolerancia como filosofía, la violencia como forma y la extorsión como sustento». Si esto ya es inaceptable dentro de una cancha de fútbol, con mayor razón lo es en la arena política.»

Pasa el tiempo y el anhelo de la diputada Ossandón se está concretando de a poco. Francisco Muñoz —que en palabras de Ossandón dejó «de ser el Pancho Malo»— y su Team Patriota están adquiriendo notoriedad por las acciones directas realizadas en contra de la directiva de la UDI. Frente al accionar de este grupo, no es de recibo jugar a la teoría del empate recordando otras manifestaciones de similar naturaleza, así como tampoco es aceptable el ponderar el escrache de acuerdo con el nivel de violencia empleado. Si Francisco Muñoz y los suyos quieren cumplir el deseo de su afín Nona que se presenten a las elecciones —si es que sus antecedentes así lo permiten— y demuestren en las urnas la representatividad que vociferan por medio del megáfono. 

Las funas no pueden ser condenadas con la boca pequeña como lo hizo la diputada Chiara Barchiesi en Tele13 Radio, contrario incluso a lo que hizo el líder de su partido un día antes. Guarello dice que la dinámica esencial del barrabravismo es «la intolerancia como filosofía, la violencia como forma y la extorsión como sustento». Si esto ya es inaceptable dentro de una cancha de fútbol, con mayor razón lo es en la arena política. En medio de ese Chile disparatado de 2020 que elevaba a los altares a estos delincuentes del fútbol, un anciano se dignaba a pagar su pasaje del Metro en medio de una horda de mocosos que seguían promoviendo la evasión masiva. Esa vez le dediqué unas palabras a ese hombre grande y estas no pierden vigencia mientras la violencia siga campando a sus anchas en nuestro país: «El porvenir de Chile dependerá de cuántos seamos capaces de reivindicar una vida civilizada en medio de tanto odio y desvarío. Espero que seamos más… y que se note». 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
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