Piñera y la cultura

El Ministerio de las Culturas es quizás donde es más importante tener ministros que conozcan el medio, su historia y sus protagonistas. Es difícil entender por qué el Presidente Piñera puso a un intelectual recién repatriado después de vivir 40 años afuera, y no precisamente en Argentina, sino que en Suecia. Quién sabe. Además, el ministro nombrado había desarrollado su carrera allá, lejos, en cuestiones ajenas a la cultura y a Chile. Recién hace un par de años se había dedicado a escribir libros que nos interpelaban.

Es difícil entender en qué estaban pensando Piñera o sus asesores, si es que existieron. Es inentendible cómo alguien con esa habilidad y experiencia puede haber tomado una decisión así. ¿Ingenuidad total? ¿Desprecio genuino del mundo cultural? ¿Provocar a la izquierda poniendo alguien que había renegado de ella? Lamentable.

En el mundo cultural chileno pocos conocían a Mauricio Rojas, lo que hizo explotar todo luego de encontrarle una declaración sobre el Museo de la Memoria. La política de Estado que durante 17 años restringió la libertad de expresión, las libertades políticas e incluso mató, hizo desaparecer y torturó a personas no podía ser tratada, y con razón, como mentira. Y acá es donde entran al ruedo las redes sociales. Cualquier persona que hubiese seguido estos últimos años a Mauricio Rojas sabría que nunca ha sido un negacionista y ni siquiera un apologista parcial de la dictadura “a lo José Antonio Kast”.

Pero ahí estaba el problema: pocos lo habían seguido, pocos lo conocían, a excepción de cierto mundo intelectual. Para el mundo cultural, y gracias a las redes sociales, quedó como alguien que sinceramente creía que el Museo de la Memoria era un “montaje”, una “mentira”. Impresentable, y por eso pasó lo que pasó.

Rojas no es un apologista, pero esas palabras lo dejaron como tal frente a la opinión pública, hiciese lo que se hiciese. Y más encima por escrito. Su manera de retractarse le hizo perder la oportunidad de decir que se refería a la famosa discusión “del contexto”, lo que empeoró las cosas. Y así fue como terminó el innecesario cambio de gabinete de Piñera.

Respecto del Museo de la Memoria, que se quede tal cual está, para que nunca más el Estado, al que le entregamos nuestra confianza y monopolio de la violencia, viole nuestros derechos, sea en manos de gente de izquierda o de derecha. Quienes quieran contextos que expliquen cómo se destruyeron nuestras instituciones, que vayan a otro museo. Si la izquierda utiliza el Museo de la Memoria políticamente, mal por la izquierda. Si la derecha sigue con esto de “los sesgos” y a la vez con Cuba y Venezuela, mal por la derecha. Y si la ex Presidenta Bachelet es la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU después de insistir en que Castro fue “un líder por la dignidad y la justicia social”, mal por la ONU.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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