Participación y voto

SEÑOR DIRECTOR
En la edición de su diario del jueves, Magdalena Ortega planteó que la implementación del voto voluntario no mejoró la calidad de la política ni aumentó la participación ciudadana, que al ser instaurado ‘bajo un eslogan de mayor libertad, simplemente se debilitó la democracia, disminuyendo el compromiso ciudadano con nuestro destino común’, por lo que sería momento ‘de enmendar ese error’.

Concuerdo con lo último, pero dependiendo de qué forma nos haremos cargo del problema. En lo que sí disiento es en que la implementación del voto voluntario se fundamente a través de un simple ‘eslogan’. El voto voluntario se sostiene a través de sofisticados argumentos filosóficos, jurídicos y morales, que básicamente concluyen en que votar se trata de un derecho, y que por lo tanto debe ser voluntario -esté uno de acuerdo o no-.

Ahora, me parece que el ‘debilitamiento de la democracia’ tiene de fondo otras causas, que son variadas y profundas. La principal, se funda en un problema democrático, que ya advertía Alexis de Tocqueville, y que es: el marchitamiento de las virtudes públicas. Intentar solucionar problemas de tal calibre, obligando a la gente a votar ante la amenaza de una multa, es similar a querer tapar el sol con un dedo.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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