Para remontar en el “segundo tiempo”: La audacia para volver a una táctica ganadora

Las autoridades de gobierno han dado muestras de inquietud por el deterioro que se observa en el clima de expectativas en el país. Así, los recientes ajustes en el gabinete han buscado revertir un ambiente marcado por la desfavorable evaluación del Gobierno, aunque hasta ahora ello solo se ha traducido en un discurso más prudente de las autoridades políticas y económicas, sin que hayan ocurrido cambios relevantes en la agenda de políticas públicas.

La marcha de la economía ha acusado las consecuencias de una agresiva agenda de reformas, débilmente diseñadas.

La definición de la estrategia que seguirá el Gobierno en lo que resta de su período, lo que debiera incluir la corrección de algunas iniciativas emblemáticas, se ha visto dificultada por una evidente tensión entre los sectores que buscan el retorno hacia los lineamientos generales de una estrategia -política y económica- más próxima a lo observado en los últimos veinte años y aquellos grupos que han revivido aquello de “avanzar sin transar”.

La marcha de la economía ha acusado las consecuencias de una agresiva agenda de reformas, débilmente diseñadas, las que en general soslayan la capacidad de respuesta de las personas a la estructura de incentivos que enfrentan. Así, por ejemplo, la aplicación de un fuerte aumento en la carga tributaria a las empresas, en el marco de una reforma impositiva que ha sido ampliamente calificada como confusa y llena de imprecisiones, era esperable que iba a resentir de forma relevante los planes de inversión de las empresas.

A lo anterior cabe añadir un proyecto de reforma a la legislación laboral, cuyo objetivo esencial parece ser el fortalecimiento de los sindicatos y su poder de negociación. Más aún, algunos defensores de esta iniciativa han señalado que el objetivo de una legislación laboral no es promover el empleo. Curioso juicio. Particularmente en el contexto de una agenda inspirada en el propósito de avanzar hacia una sociedad con menores desigualdades, dentro de la cual la igualdad de oportunidades para acceder a un empleo estable y formal debiera ser un aspecto esencial.

A las dudas y reacciones que han provocado iniciativas como las de reformas tributaria y laboral podríamos añadir otras, igualmente radicales, como las ideas que se han propuesto para reformar el sistema de salud, el previsional y el educacional, entre otras. El denominador común de estas propuestas es una mayor presencia del Estado en los diferentes sectores, con la consecuente pérdida en la libertad de elección de las personas.

Para complicar las cosas, el escenario externo plantea ciertos focos de preocupación que será necesario vigilar atentamente. Por un lado, cabe anticipar un período de cierta fortaleza del dólar frente a las principales monedas, lo que contribuye a la debilidad en el precio de las materias primas. En efecto, la combinación de una economía norteamericana más dinámica, junto con una economía china que muestra dificultades para administrar el proceso de transformación de su estructura de producción y gasto, una zona euro que no logra superar los problemas de instalación de la moneda única, mientras que Japón tampoco logra plasmar en un mayor dinamismo la agresiva estrategia de las “tres flechas” del Primer Ministro Abe, son factores que llevan a anticipar un ambiente externo menos favorable a las economías emergentes como la chilena.

Otro foco de incertidumbre se refiere a las dificultades que afectan a importantes economías de la región, como Argentina, Brasil y Venezuela, las que en diferentes dosis y con matices, compartieron en la última década una estrategia de política económica marcada por un papel protagónico del gobierno, junto con crecientes restricciones al desarrollo de la iniciativa privada. Esta estrategia no solo llevó a un sensible deterioro en la capacidad de progresar de estas economías, sino que, además, ha ido incubando distintas formas de desequilibrios macroeconómicos en las mismas. La aparición de un ambiente de inestabilidad -económica, social y política- como consecuencia de estos resultados era previsible y a no mediar cambios relevantes en el rumbo, estos riesgos solo pueden intensificarse.

Más allá de los inconvenientes que provoca habitualmente un entorno internacional menos favorable, me parece que este ofrece una oportunidad inmejorable para mejorar la calidad de nuestras políticas públicas, eliminar distorsiones y así crear las condiciones para un mayor crecimiento de mediano plazo.

Como ha señalado el ministro Valdés, avanzar en la construcción de una política social efectiva, que permita construir un país con menor pobreza y una mayor igualdad de oportunidades, requiere impulsar la tasa de crecimiento. Esta es, a mi juicio, la principal conclusión que debiera motivar la política económica de los años que le restan a la actual administración. Persistir en reformas marcadas por la ideología llevará a acentuar el desencuentro entre las expectativas que se alimentó en la población y la realidad, lo que solo servirá para exacerbar conflictos y tensiones que creíamos haber dejado en el pasado.

Por Francisco Rosende

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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