Pájaro liberal

Magíster en Economía Política, director ejecutivo de la Fundación para el Progreso (FPP), editor de la revista Átomo , columnista en La Segunda , escribiente de cartas a El Mercurio , conversador impenitente. Fernando Claro (37) se reconoce como un ‘liberal clásico’. Su actividad más propia y permanente es observar y escuchar a los pájaros. ‘Lo político’, dice aquí, ‘ ha empezado a permear todos los ámbitos de la vida y a generar divisiones que muchas veces son artificiales’.
Fernando Claro tiene 37 años, pero aparenta 22. Siempre le echan menos edad. Será porque es bajito y menudo, por su cara dulce, o porque tiene un gesto de niño genio: una perspicacia saltarina.

En los últimos años este economista se ha convertido en una voz que se infiltra en la cultura con agudeza y humor. En sus ‘Cartas al director’, que publica muchas veces El Mercurio, discute algunas afirmaciones rimbombantes de la semana, pelea con Daniel Mansuy y con Fernando Atria, siempre desde la trinchera del ‘liberalismo clásico’, corriente ideológica en la que se ubica. Ya veremos de qué va eso.

Fernando es el mayor de siete hermanos. Estudió en el Tabancura, ‘colegio Opus Dei’, dice. Ya siendo púber, sus amigos lo apodaron como ‘Chiguagua’, un sobrenombre que ha sabido llevar con estoica jovialidad. Luego de egresar de Economía en la Universidad Católica sacó el magíster y después viajó a Londres para obtener un máster en Economía Política en la Universidad King’s College. Durante el primer gobierno de Piñera fue asesor de varios ministros y hoy es el director ejecutivo de la Fundación para el Progreso, un centro de estudios que vincula a profesionales jóvenes de distintas disciplinas para pensar el país desde la perspectiva liberal.

Pero lo que más absorbe sus sentidos son los pájaros. Dice que es una cuestión inconsciente, que desde chico anduvo observando con privilegiada atención a los seres alados. Así aprendió a reconocerlos y a agudizar el oído cuando cantaban. En 2015 publicó Geografía de pájaros, con ilustraciones e información sobre las especies chilenas, ubicándolas en sus hábitats, desde la cordillera al mar. El libro ganó el premio IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil), a la mejor publicación infantil de no-ficción de ese año.

Fernando advierte que las entrevistas lo ponen nervioso. Teme un titular o una frase fuera de contexto que lo haga candidato a la funa, dice. Aun así, acepta esta conversación, porque ‘es parte de la pega, comunicar lo que uno hace’.

—Estudiaste Economía en la Universidad Católica y luego, un magíster en Economía Política en Londres.

—Sí, lo hice un poco renegando de los Chicago Boys. La Católica era más Chicago que la misma Escuela de Chicago, muy enfocada en los números y las estadísticas. Yo necesitaba integrar una perspectiva más humanista, que me permitiera conversar con la realidad social.

—¿Eres creyente?

—No, soy agnóstico.

—¿Y alguna vez fuiste católico?

—De muy chico, pero no me acuerdo mucho de cómo era ese sentimiento. Mis papás tampoco eran católicos muy practicantes. Mi padre, nada. No sé por qué me pusieron en un colegio Opus Dei, supongo que porque tenía buena formación, pero nunca iban a las reuniones de apoderados. Yo tuve una educación muy libre, siempre me dejaron pensar por mí mismo.

—¿Fuiste desadaptado en tu colegio?

—Al límite. Nunca hice grandes desmanes, pero siempre he tenido opinión sobre las cosas y me ha gustado debatir. Es un impulso.

—¿Fumabas pitos?

—Sí.

—¿Y ahora?

—No, me gusta más el alcohol.

—¿Qué tomas?

—De todo: vino, piscola, gin.

‘Estoy a favor de la eutanasia y del aborto’

—La Fundación para el Progreso tiene fama de ultraderecha conservadora.

—Es una imagen que siempre va a costar sacarse. Pero la verdad es que es una fundación de gente súper joven, liberada de los antiguos esquemas de derecha e izquierda, y así también es el público que nos sigue a lo largo de todo el país. Es una fundación masiva, cero elitista.

—¿Y cómo sobrellevan la figura de Nicolás Ibáñez, que es uno de los principales fundadores?

—A los medios y a las personas les atrae mucho el personaje, porque ha tenido dichos polémicos, entonces nos ligan con él inmediatamente. Nosotros estamos muy agradecidos, porque él donó mucha plata, apoyó y fundó, pero ahora no está en la fundación y nos hemos desmarcado de su figura. Lo que nos corresponde hacer es seguir trabajando y demostrar lo que somos.

—¿Y qué son?

—Somos personas que participamos críticamente del debate social. No tenemos ninguna filiación política ni religiosa. Por más que nos quieran catalogar como ultraderecha, cuando la gente ve nuestros videos y textos, se dan cuenta de que no somos eso.

—Son liberales.

—Liberales clásicos.

—¿Cómo defines eso?

—Es una ideología que se fue consolidando en el siglo XVIII en Europa. Surge en oposición al poder absoluto o intervención del monarca o el Estado en asuntos civiles, con el objetivo de que las personas puedan desarrollar sus capacidades individuales y su libertad en el ámbito político, religioso y económico. Lo que busca es proteger al individuo para que no sea oprimido por el colectivo.

—Hay gente que confunde eso con individualismo.

—Justamente eso es lo que yo le discuto a Daniel Mansuy. Él fabrica un mono de paja diciendo que esta ideología defiende el egoísmo, lo cual es completamente falso. Nosotros favorecemos el desarrollo de las distintas comunidades, pero creemos que hay que limitar al poder.

—¿Por qué crees que la gente confunde ser liberal con ser de derecha?

—Es por el liberalismo económico, al que adhiere la derecha. Pero eso pasa solo acá en Chile. En otros países el liberalismo económico no es patrimonio de la derecha.

—¿Te han dicho ‘facho’?

—Por supuesto. Pero esto ha pasado ahora último. En los 2000 estábamos todos mezclados y votar por Piñera o Bachelet no era una causa de separación. Lo que pasa ahora es súper negativo. Lo político ha empezado a permear todos los ámbitos de la vida y a generar divisiones que muchas veces son artificiales.

—¿Quién te ha llamado así?

—Personas con ciertos grados de fanatismo de izquierda. Es que yo me muevo por todos lados. Vengo de una tradición familiar de derecha, pero nunca he sentido que pertenezco a eso. Si yo estuviera encerrado en una burbuja de derecha, no tendría quién me diga ‘facho’.

—¿Te han dicho cuico?

—También. Y esa es otra palabra que no se entiende. ¿Qué es ser cuico? ¿Provenir de una clase privilegiada? ¿Tener actitudes cuicas? Si ser cuico remite a la cuna, no tengo nada que hacer con eso. Yo no elegí nacer donde nací.

—¿Cómo te explicas que gente aparentemente fresca, libre y juvenil sea comunista? Como Camila Vallejos y Karol Cariola.

—Es que su frescura es falsa. No se pronuncian contra la situación de Nicaragua y siguen defendiendo a Maduro. Yo creo que es un peligro que lleguen al poder, porque son dictatoriales. No hay ningún ejemplo de un gobierno comunista que sea democrático.

—¿No crees que pueda haber un comunismo renovado?

—No, eso no existe.

—¿A ti te interesa más la filosofía que la política contingente?

—Yo creo que sí. Mis amigos son casi todos filósofos. Nunca he militado en un partido político y en la universidad nunca participé en movimientos. Los encontraba tribales, y eso no me gusta. Los grupos les entregan identidad y sentido de vida a las personas. Entonces toman desayuno, conversan, se van de viaje con las mismas. Yo no necesito pertenecer.

—¿Estás a favor de la eutanasia?

—Totalmente. Estoy a favor de la eutanasia, del aborto y de la legalización de las drogas. Todos esos temas atañen a la libertad de las personas para tomar decisiones por sí mismas.

‘La corrección política es un signo de mediocridad’

—¿Qué edad tenías cuando fuiste asesor de ministros en el primer gobierno de Piñera?

—24.

—¿Y te veías de 18?

—Seguramente. Entraba a una reunión y era como ‘¿quién es este enano?’.

—¿Has tenido complejo por ser bajo?

—No, nunca.

—En tus cartas al director y tus columnas de opinión te pronuncias contra la corrección política.

—La corrección política es un signo de mediocridad. Cuando hay cosas que está bien decir y otras que no, estamos derechamente en el terreno de la censura, aunque se disfrace de algo libertario. Se está limitando el pensamiento crítico y eso es grave.

—La corrección política también limita las formas del humor. Porque hay chistes moralmente incorrectos que están proscritos.

—Lamentable. Deberían poder contarse todos los chistes y confiar en el criterio de las personas para evaluarlos. Es triste que una sociedad pierda el humor. El humor es también una forma de distancia frente al poder, una manera de no someterse.

—¿Qué piensas del lenguaje inclusivo?

—Me parece una locura creer que porque le cambiaste la última letra a una palabra eso colabora con la liberación de las mujeres.

—¿No lo usas?

—Sobre mi cadáver antes de usarlo. Lo encontraría muy falso. Con suerte podría decir algo como ‘amigas y amigos’ en el enunciado de un mensaje.

—¿Qué tan importantes te parecen los debates en redes sociales?

—Más que los debates, la existencia misma de las redes sociales es una cuestión de la máxima importancia. Internet es la gran revolución que marca el fin y el comienzo de una era.

‘Prefiero ser un pájaro que un perro faldero’

—¿Qué es lo que te atrae de los pájaros?

—Todo. Pero es completamente inconsciente. Surge en la infancia, peluseando por los campos de Llay-Llay, de la familia de mi madre. Desde chico me atrajeron los pájaros y de más grande comencé a estudiarlos.

—¿Y qué te enseñan los pájaros?

—Más que enseñarme, me acompañan. Los siento. Ahora están llegando a Santiago los fío-fío que vienen del Amazonas. Cuando llega este pájaro a mi ventana me conecto con el Amazonas. Son esas cosas.

—¿Andan muchos pájaros en la ciudad?

—Sí, en Santiago hay muchos, la gente no les presta atención. Está lleno de carpinteritos en cualquier barrio, también en la capital está el búho más chico de Chile, el chuncho.

—¿Tienes las antenas paradas a las aves?

—Sí. Los percibo todo el tiempo. De repente estoy haciendo cualquier cosa y escucho cantar a un carpintero. De repente pasa una sombra y sé que fue un pájaro. Hace tres días vi un halcón peregrino, que nunca había visto. Uno comienza a afinar los sentidos.

—A lo mejor eres un pájaro y no un chiguagua.

—De todas manera. Prefiero ser un pájaro que un perro faldero. Ya. Con esto estoy listo para que me funen.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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