Nueva oportunidad para Chile

El reciente triunfo de Mauricio Macri en Argentina y las elecciones hoy en Venezuela le brindan una oportunidad a Chile para recuperar su soft power regional y neutralizar la ofensiva marítima de Evo Morales. Tal vez el gobierno sepa aprovechar las circunstancias.

Que Macri haya incluido a Chile en su mini gira como Presidente electo constituye una señal positiva en varios sentidos, también en relación con Bolivia. A diferencia de las administraciones populistas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, Macri está interesado en reactivar lazos con Chile y en acercarse a la Alianza del Pacífico, espacio de integración regional que ha cosechado logros gracias a la apertura económica de sus miembros.

Macri le abre a Michelle Bachelet un espacio de acción regional del que ella no ha dispuesto, inhibida por el peso de la propia Fernández; la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y Nicolás Maduro. El paso de Macri por Brasil le permite a Bachelet desmarcarse de Rousseff, que enfrenta una crisis de proporciones.

Precisamente en Brasil el Mandatario electo anunció que invocará la cláusula democrática del Mercosur por las violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Gane hoy o no la oposición venezolana, el gran derrotado en ese país será el régimen de Maduro. Esto -junto a la futura Argentina bajo Macri, y una Rousseff debilitada- permitirá a La Moneda asumir una posición crítica ante Caracas e ir más allá de instruir a su embajador allí para que se ocupe de Lilian Tintori, opositora odiada y temida por Maduro. Si Chile expresa una opinión contundente sobre Venezuela, puede recobrar también su prestigio en materia humanitaria, el que se ha visto debilitado por el silencio de La Moneda ante Maduro.

Macri ofrece así a Chile una oportunidad para ganar terreno frente a Bolivia y fortalecer su rol regional, y para que Chile vuelva a apostar con decisión por la Alianza del Pacífico, impulsada bajo el Presidente Sebastián Piñera, pero ralentizada, lamentablemente, bajo el gobierno de Bachelet. Más allá de los beneficios económicos de esa integración, Chile logró a través de dicha alianza estrechar sus lazos con México y Colombia, buenos amigos de Chile, y “moderar” al Perú. Al dejar enfriarse la relación con México y Colombia, y optar por una relación privilegiada con Brasil, Chile descuidó a sus dos mejores aliados en medio de los gobiernos bolivarianos, respaldados por el influyente Foro de Sao Paulo.

Tal vez ahora La Moneda se manifieste con mayor vehemencia en materia de derechos humanos y con mayor destreza mediática ante Bolivia. Pero Bachelet debe repensar su estrategia. La posición boliviana ha sido efectiva porque Evo Morales convirtió su causa en una empresa nacional, dispone de una cancillería asistida por gobiernos bolivarianos, y juega un papel activo, decidido y eficaz como Presidente a nivel internacional. Si Chile aspira a revertir la ofensiva boliviana, su presidenta debe asumir también un rol proactivo en la defensa de nuestros intereses. Para ello debería recurrir no sólo al apoyo de los chilenos, la vigencia de los tratados internacionales y la orientación de nuestra cancillería, sino que también a los atributos personales que la condujeron en dos oportunidades a La Moneda.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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