Nueva Constitución

Históricamente, las constituciones surgen como freno y límite a la acción de los gobiernos, para resguardar y proteger las libertades y derechos fundamentales de las personas frente a eventuales arbitrariedades de las autoridades, incluso si dicha potestad la ejercen mayorías contingentes. Es decir, las constituciones surgen como expresión de la juridicidad, entendida ésta como algo muy distinto a la simple voluntad fortuita de quienes, en algún momento, tienen la facultad de gobernar o hacer leyes.

Sería bueno recordar todo esto, cuando en Chile se intenta promover un concepto distorsionado de lo constitucional corno una lista abierta de deseos y peticiones diversas. Peor aún cuando se confunde la tarea de legislar con la desenfrenada dictación de cualquier tipo de reglamento bajo el nombre de ley.

Es errado creer que la Constitución consiste en darle más atribuciones al Estado y los gobiernos mediante la ley. Eso es torcer el espíritu de cualquier constitución y no sería más que un engaño para camuflar ambiciones de poder en nombre del pueblo.

 

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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad de los autores y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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