Nueva constitución: Cambiando un Rolex por un Casio

Shakira no es la primera que utiliza una metáfora para ningunear a su ex. Mariana Nannis, ex esposa del futbolista argentino Claudio Paul Caniggia: «El Cani», se hizo famosa cuando le preguntaron si temía que su marido estuviera teniendo un affair con una vedette y ella contestó algo así como: «cuando alguien come jamón en casa no sale a comer mortadela a otro lado».

El problema es que no siempre es fácil distinguir el Rolex del Casio o el jamón de la mortadela. Todo puede mejorarse, sin embargo, sino se hace bien, en la búsqueda de la perfección, se puede terminar peor de lo que se empezó. Nos pasó con la educación; con el sistema electoral y el tributario, con el Transantiago; casi nos pasa con la Constitución y ahora nos quieren cambiar jamón por mortadela en salud y previsión.

«El problema es que no siempre es fácil distinguir el Rolex del Casio o el jamón de la mortadela. Todo puede mejorarse, sin embargo, sino se hace bien, en la búsqueda de la perfección, se puede terminar peor de lo que se empezó».

Como nos enseñó el premio nobel Daniel Kahneman en su libro «Pensar rápido, pensar despacio», los hombres no somos consistentemente racionales y tenemos una natural tendencia a creer abstracciones, particularmente sobre cuestiones complejas. Por eso, creemos que una persona invisible hizo todo el universo, pero si nos advierten que la pintura está húmeda lo primero que hacemos es tocarla con el dedo.

Esa irracionalidad se manifiesta también en la política. Trump sostenía que construiría un muro de cientos de kms para contener la inmigración y lo eligieron. Y cuando lo cuestionaban por el costo contestaba que lo pagarían los mexicanos. Cuando se está en la oposición no cuesta nada criticarlo todo y prometer la perfección a punta de adjetivos. Cuando le preguntaban a los jóvenes diputados del FA cómo debía ser la educación contestaban: pública, gratuita y de calidad y ¿el combate a la delincuencia?: empático, pacífico y eficaz ¿y la salud?: inclusiva, gratuita y moderna y así, hasta ahora con el Tren a Valpo, rápido, ecológico y barato (aunque ya sabemos que vale el triple, demora el doble y no llega a Valpo). Y cuando les preguntaban cómo iban a financiar sus ideas, cambiaban los mexicanos por «los ricos».

La democracia moderna nos ha transformado en seres irracionales. Preferimos votar por los vendedores de sueños que por los mensajeros del realismo y eso nos lleva a desilusionarnos rápido de nuestros líderes. Nadie en su sano juicio podía creer que jóvenes, inexpertos y arrogantes iban a ser capaces de mejorarlo todo sin saber nada. Basta ver a Izkia que ahora -cómo debe ser- está aprendiendo en un hospital supervisada por doctores más experimentados. Bastaba ver el daño que le hicieron con sus malas ideas a la educación y la torpeza de las medidas que propusieron para combatir el Covid, para conocer su inexperiencia.

Chile en algún momento se cansó del esfuerzo y quería una vía corta al desarrollo. «Basta de realidades queremos promesas» parecían gritar en la calle. Tras el 18/10 tan sólo el 39% de los chilenos declaraba que mejoraría su vida gracias el esfuerzo personal. La última encuesta CEP muestra que es número subió más de 20 puntos. Afortunadamente algo pasó y algo cambió entremedio. Eso explica que tuviéramos la madurez cívica de rechazar una constitución del horror. Es hora del realismo frente a las opciones que tenemos por delante. Los políticos hablan de estado social de derechos y siguen fantaseando con la idea que una nueva constitución nos hará más ricos, más felices y más cohesionados. Eso no es así. Es el camino del esfuerzo y la libertad personal, del crecimiento económico y de la limitación del estado de meterse en lo que no le corresponde, lo que nos permitirá prosperar y desarrollarnos.

Un ex presidente de EEUU decía «Vivimos en un tiempo en que los líderes son usualmente juzgados más por la estridencia de su retórica y el colorido de sus propuestas que por el éxito de sus políticas. Especialmente en los países subdesarrollados, demasiada gente se va a la cama con los oídos llenos y los estómagos vacíos». Que no nos pase lo mismo, exijamos responsabilidad, rigor y conocimiento cuando elijamos a nuestros representantes, sino en este nuevo ejercicio constitucional habremos cambiado el jamón por mortadela.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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