No los entiendo

No entiendo a buena parte de la “centro-derecha” y no creo estar solo. Es más, pienso que estoy demasiado acompañado. Más de lo que me gustaría porque soy un potencial votante del sector y, definitivamente, espero mucho más de Chile Vamos que del Frente Amplio y la Nueva Mayoría.

Ahora bien, es posible que el problema sea mío y les prometo que intento a diario vencer esta eventual ignorancia, pero leo a parte de sus intelectuales ¡y quedo peor! Sigo sin entender la definición de “pueblo” de Hugo Herrera o qué tienen que ver Novalis y Hölderlin con Mario Desbordes y Cristián Monckeberg. También leo a otros que repiten ad nauseam que este es un problema de legitimidad y puedo compartir esta impresión. El gran problema es que sigo leyendo y no dicen qué hacer para recuperar esta legitimidad, ya sea porque no se atreven o porque no saben. Obviedades las decimos todos, el problema es cuando estas se escriben y el drama es cuando se publican.

Como no entiendo a la “centro-derecha” de muchas formas y quiero que esta columna sea breve me concentraré en mi problema más elemental: ¡No los entiendo ni cuando hablan! Ejemplos hay muchos y los comparto con ustedes a ver si alguien, con buena voluntad y paciencia, me los quiere explicar.

La “centro-derecha” se dice “pragmática” y no veo resultados por ninguna parte. Sean cuales sean las ideas que defendamos en la esfera pública es muy importante que nuestros líderes sean pragmáticos, porque si no los juzgamos según su eficacia nos gobiernan con excusas y así pueden estar décadas en el poder. Sin embargo, aquí es preciso realizar un matiz ya que no conocemos realmente los verdaderos fines de los referentes de la “centro-derecha” chilena como para saber si son pragmáticos o no:

Sean cuales sean las ideas que defendamos en la esfera pública es muy importante que nuestros líderes sean pragmáticos, porque si no los juzgamos según su eficacia nos gobiernan con excusas y así pueden estar décadas en el poder.

Si el fin de la “centro-derecha” era realizar un Gobierno conforme a lo prometido, por sus últimos (y penúltimos) actos solo podemos decir —para bien o para mal— que son dúctiles, flexibles, acomodaticios, amoldables o de muchas formas más, pero no pragmáticos. Ahora bien, si su fin es quedarse en el poder “a todo evento”, entonces podemos decir que son pragmáticos (de momento).

La “centro-derecha” dice que “negocia” cuando en realidad cede. Para negociar se necesitan al menos dos partes: una que quiere “A” y otra que quiere “B”, las cuales llegan a un acuerdo C. Que el “C” sea “más A que B” o “más B que A” depende de muchos factores —entre ellos la capacidad de los negociadores—. La “centro-derecha”, en cambio, quería “A” —salvo que en sus escritos en Avanza Chile y en el Programa de Gobierno hayan mentido—y la izquierda quería “Z”, y el resultado de esa noche de noviembre fue “Z” y esto, para elogio o para reproche, es ceder. No faltarán los ingenuos que ignorando la técnica del “tejo pasado” me querrán convencer de que el resultado de Acuerdo fue “W” porque la izquierda quería “XYZ”, yo les diré: «amigos, “Z” con 2/3 es “Z” igualmente».

La “centro-derecha” llama “dogmas” a los principios. Esto lo hacen con el claro fin de desprestigiar a quienes —por convicción o por interés— votan y llaman a votar en conformidad con los principios y trayectoria del partido. En el fondo, no hacen más que desprestigiarse a ellos mismos porque la única forma digna de estar en política es actuando conforme a principios. Ciertamente los ideales pueden cambiar, pero también debería cambiar el lugar desde donde se defienden, de lo contrario —al igual que el agua estancada— esto se ve muy mal y termina oliendo peor.

Hay muchos casos más —“derecha europea”, por ejemplo— pero no los quiero aburrir. Solo termino diciendo que estas distorsiones del lenguaje no son más que el correlato de un actuar irregular. Ellos creen que nos engañan y muchas veces se salen con la suya, pero el embuste siempre durará menos de lo que ellos desean.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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