No es culpa de los políticos

Apenas se anunció que nuestro presidente se iba a ir a vivir al barrio Yungay, los precios de los arriendos subieron. Ante más seguridad y más ojos, las caminatas, cervezas y callejeos iban a ser más pacíficas. Qué mejor y más eficiente señal: los diabólicos precios subiendo. No eran promesas, ya que los barrios Yungay y Brasil llevan años escuchándolas y nada. Era el presidente llegando, así que arriba los precios no más. Hasta el momento, sin embargo, no he visto al diputado Winter reclamando. Este camarada del presidente era el guaripola de las denuncias contra los precios de los arriendos; debería haber saltado contra esos dueños abusadores, o contra los que ahora arreglen o compren departamentos para arrendarlos allá. Tropa de especuladores neoliberales movilizados por el lucro. No espero nada la verdad, son políticos. Otrora reyes de la denuncia entusiasta ahora dicen que hay que ser «cuidadosos, no dejarse llevar por primeras versiones». Apareció el debido proceso.

¿Alguien les creía, hace apenas unos meses, cuando gritaban contra carabineros o militares? El mismo Presidente Boric andaba enojado contra los militares en las calles. Gritaba y se emocionaba, ejemplificador, pero ahora él mismo los tiene ocupando militarmente el norte. Un insensible.

De los políticos no extraña. «Manifestantes», son de repente, «violentistas». Me pregunto por los eufóricos que los apoyaban como locos —y eran eufóricos que no viven del poder, no tenían para qué—. Una de las escenas más increíbles del estallido era ver la agitación vital de miles de personas cuando le gritaban a carabineros. Ver cómo se sentían desafiando a esa autoridad jamás desafiada, jamás enfrentada, como si nunca hubiesen ido al Estadio Monumental o los días de partido, cuando las micros son cooptadas por los barristas gritando y desafiando a quien osara levantarse. Era como ver a un adolescente conversando con ojos lastimeros con el capellán del Techo para Chile luego de haberse dado cuenta de que existían los pobres en su primera ida al campamento; era volver a ver a mis contemporáneos emocionados con Into de Wild (ya éramos harto adultos). Era extraño. ¿Estos antiguos frenéticos estarán haciendo uno que otro autoanálisis? Que las AFP robaban la plata, que ese video, que esa foto, que Piñera para arriba y que Piñera para abajo. Y lo que decía Atria, o Mayol. Y no eran iletrados.

Ya hay varias respuestas de carabineros a las turbas de dementes que los atacan día tras día. Respuestas con balazos. Después de titubear, las autoridades ahora los apoyan. ¿Estarán esperando los antiguos rabiosos que el académico de Rutgers University revitalice las responsabilidades políticas del Presidente? ¿Harán el ejercicio mental de pensar cómo reaccionarían ellos si hubiese otro Presidente? Esos balazos eran para al menos uno que otro enojo, algún grito, algo.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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