Nada está dicho

Terminó la primera vuelta presidencial y sólo una cosa es segura: la segunda vuelta está totalmente abierta. Guiller podría imponerse, proyectando así el trabajo de retroexcavación que inició Bachelet.

La gran sorpresa, por supuesto, es Beatriz Sánchez, a quien ninguna encuesta dio un porcentaje parecido al que obtuvo. Que una candidata tan mal preparada haya casi desbancado al heredero de la Nueva Mayoría habla del arraigo que ha logrado el populismo en nuestro país. Aunque hayan perdido en las urnas presidenciales, el Frente Amplio ha obtenido una gran victoria simbólica y política que le servirá de capital para crecer en los cuatro años siguientes, salvo que su propia torpeza se interponga en el camino.

Por cierto, para ellos lo mejor que puede pasar es que gane Piñera, pues una agenda de izquierda radical enarbolada como oposición a la derecha es mucho más creíble que la misma agenda enfrentada a sus primos hermanos de izquierda. El Frente Amplio debe matar a la nueva Mayoría si quiere llegar al poder en cuatro años. Como sea, Guiller debe radicalizarse hacia la izquierda si quiere ganar en segunda vuelta. Piñera, en tanto, deberá sumar a un buen porcentaje de indecisos y de la moribunda DC para tener opciones.

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