¿Murió el octubrismo?

¿De verdad murió el octubrismo? Exultantes por la victoria del 4 de septiembre, son muchos los que piensan que el delirio octubrista es cosa del pasado. Sin embargo, que medio Chile se esté preparando para salir más temprano de sus oficinas un 18 de octubre no deja de ser una señal de lo contrario. Es cierto que ahora los políticos del Frente Amplio se sonrojan por los miserables tuits que profirieron en ese entonces. No obstante, ahora unos detentan las más altas magistraturas del país y otros son responsables de las instituciones que antes contribuían a socavar. ¿De verdad murió el octubrismo? Tengo mis serias dudas. 

Ahora bien, usted me podrá decir que hoy en día las barras bravas volvieron a estar proscritas por la sociedad y que ya no hay personas como Rodrigo Jordán llamando a dialogar con los encapuchados. También podría agregar que Carabineros está recuperando el respeto que se le había perdido. Empero, por más que me quiera ‘embolinar la perdiz’ con el vaso medio lleno, seguiré sin concederle el punto. El octubrismo no morirá hasta que no seamos capaces de desprendernos de las razones que nos llevaron a convivir de forma tan obsecuente con la violencia. El octubrismo no se irá sin antes desoctubrizarnos. 

“El octubrismo no nos dejará si seguimos pensando que vivimos una “crisis de violencia” y que su solución es “condenarla categóricamente”. El problema en Chile es todavía más grave: vivimos una crisis de impunidad.”

El octubrismo no nos dejará si seguimos pensando que vivimos una “crisis de violencia” y que su solución es “condenarla categóricamente”. El problema en Chile es todavía más grave: vivimos una crisis de impunidad. A diario vemos cómo se multiplican las incivilidades, los delitos y los crímenes sin que les pase nada a los despreciables seres que los perpetran. Nada sacamos con “condenar” la violencia, ese es un mantra que inventó nuestra clase política para apaciguar sus almas. En un Estado de derecho decente, la violencia no se condena: se persigue con todo el rigor de la ley y esto es lo que nos está haciendo falta hace mucho tiempo. 

Tampoco nos libraremos del cáncer octubrista si les creemos a quienes hablan de una “crisis de autoridad”. Padecemos algo mucho peor: una “crisis de autoridades”. No es que la mayoría de los chilenos no sea capaz de seguir las directrices que nos llevan a una vida decente en sociedad. Más bien, muchas instituciones están plagadas de ineptos que son incapaces de hacerle cumplir las normas a unos cuantos desadaptados. Sus cargos solo valen para las prebendas que consiguen y sus deberes los diluyen en excusas. Tantos alcaldes, directores de colegios, profesores y otros más que tienen a su cargo una parcela de poder en nuestra sociedad y que son incapaces de mantener un orden mínimo para el cual son elegidos y/o contratados. 

El octubrismo llegará a su fin el día que nos demos cuenta de que no nos merecemos la violencia y las incivilidades que toleramos a diario. Se acabará cuando seamos capaces de exigirle a nuestras autoridades el orden que nos promete la ley. Por desgracia, falta mucho para esto y un triunfo electoral no debería servir para evadir los problemas que seguimos padeciendo como sociedad. Ojalá puedan volver sin novedad a sus casas y que los próximos 18 de octubre vuelvan a ser días absolutamente normales.  

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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