Municipalidades: Luminarias y sombras

La corrupción municipal pareciera ser hoy transversal y endémica y quizás mucho mayor que la que se ve dentro del Estado central y los ministerios públicos.

Esta semana han salido a la luz nuevos casos problemáticos que cuestionan seriamente la transparencia y la probidad con relación a los gastos de los recursos públicos en algunas municipalidades emblemáticas de Santiago. En particular, han salido fuertes cuestionamientos hacia la municipalidad de Recoleta y, en específico, a su alcalde Daniel Jadue, por posibles problemas de transparencia y de corrupción relacionados con las licitaciones de las luminarias LED de su municipio. Hoy dicho escándalo está en proceso de investigación por el Ministerio Público, relacionado con presuntos aportes monetarios e ilegales que habría recibido el edil comunista de Recoleta a través de su abogado asesor Ramón Sepúlveda desde la empresa Itelecom S.A., que es además investigada por irregularidades y sobornos en los procesos de licitación de luminarias en distintas municipalidades del país. Dicho sea de paso, aquel mismo abogado asesor del alcalde Jadue había ya prestado previamente diversos servicios al gerente de Itelecom.

Si bien este caso “luminarias” está en proceso, por lo que es muy temprano para adjudicar culpas y rasgar vestiduras sin fundamentos, resulta al menos interesante dejar en evidencia los cuestionamientos que ha hecho la alcaldesa de Providencia Evelyn Matthei respecto a los procesos de licitación de luminarias. Al comparar y proyectar los gastos de mantención de las luminarias municipales a 10 años –que fue el plazo que se adjudicó la cuestionada Itelecom para manutención de las luminarias de Recoleta—, salta a la vista que la municipalidad de Providencia habría gastado $223.413 por adquisición, instalación y mantenimiento de cada luminaria; mientras que la municipalidad de Recoleta, que efectivamente le adjudicó la licitación a Itelecom, tiene un gasto efectivo de $779.831 por cada luminaria.

Es decir, si la comuna de Recoleta hubiera seguido los mismos costos, la trasparencia y la eficiencia de Providencia, hubiera gastado sólo $2.939.219.797 por toda la licitación de sus luminarias, mientras que en la realidad pagó un total por $10.259.454.005. En suma, Recoleta pagó casi 3,5 veces más por todas sus luminarias de lo que habría pagado Providencia por el mismo servicio. Lo extraño es que ambas comunas tienen casi la misma cantidad de luminarias públicas —Providencia tiene 10.536 mientras Recoleta tiene 13.156— y además ambas comunas se encuentran en la misma ciudad y con la misma complejidad geográfica —de hecho, son colindantes—. Lo anterior sugiere que tienen casi las mismas economías de escala y los mismos costos asociados a infraestructura. El hecho de que Recoleta haya pagado 3,5 veces más de lo que habría pagado Providencia por el mismo servicio es motivo de fuertes cuestionamientos y de duda con relación a la eficiencia, profesionalismo y transparencia de dicha comuna; en especial en la profesionalización de sus procesos de licitaciones. Tal abismal diferencia difícilmente podría ser explicada por costos de mantención, por lo que, en este caso, pareciera haber algún gato encerrado iluminado con LED.

Cabe mencionar que estos casos no son para nada nuevos y no afectan sólo a los ediles comunistas. De hecho, otras 22 municipalidades del país también han licitado sus luminarias con la controvertida Itelecom. Peor aún, en esta última década han ocurrido casos pavorosos de corrupción municipal y sobornos relacionados con otros servicios sociales clave, como ocurrió en los contratos municipales de recolección de basura (los casos de Maipú y Cerro Navia son emblemáticos) y en las luminarias en distintas municipalidades del país, donde están involucrados muchos ediles y concejales de todos los colores políticos. Esto sugiere que la corrupción y la falta de probidad a nivel municipal es mucho mayor de lo que creíamos. La corrupción municipal pareciera ser hoy transversal y endémica y quizás mucho mayor que la que se ve dentro del Estado central y los ministerios públicos.

Lo ocurrido con Recoleta y tantas otras municipalidades no debería sorprendernos, ya que, en toda institución, sea local o central, cuando no hay transparencia, ni accountability, ni fiscalización, ni tampoco contrapesos a nivel de las reglas, todos los agentes políticos, sin importar su color, buscarán maximizar sus propios beneficios a expensas de la ciudadanía. Así, los alcaldes de Chile resultan no ser ángeles benevolentes que velan por el pueblo a punta de “farmacias populares”, sino que simplemente seres humanos débiles que buscan su propio interés y beneficio a través de la política y de instituciones municipales mal diseñadas, poco trasparentes y llenas de sombras. Por esto resulta fundamental poner foco en la modernización del Estado en general y en reformar las municipalidades en particular: concentrándonos en el buen diseño de reglas, sistemas de monitoreo y puniciones y en el diseño de las instituciones en general, para que estas controlen y guíen el actuar auto-interesado y rapaz de muchos alcaldes, para que así, y a través de instituciones bien diseñadas, éstos hagan el menor daño posible.

El foco en el diseño de buenas instituciones, constituciones, y en la reforma a los Estados para que estos controlaran la rapiña de los agentes políticos —como hoy son los alcaldes criollos— ya había sido advertido por el Premio Nobel de Economía F. A. Hayek, cuando, siguiendo los pasos de Hume y Smith, reconocía que “la principal preocupación de Smith no era tanto lo que el hombre eventualmente pudiera lograr con lo mejor de sí, sino darle la oportunidad de realizar el mínimo daño con lo peor de sí. No resulta exagerado sostener que el mérito principal del individualismo que él y sus contemporáneos defendieron radica en que es un sistema en el cual los hombres malos pueden provocar un mínimo daño. Es un sistema social que no depende para su funcionamiento de encontrar hombres buenos para ponerlo en marcha, ni de que todos los hombres sean mejores de lo que son ahora, sino que hace uso de todos los hombres en toda su complejidad y variedad, que a veces es mala y a veces buena, a veces inteligente y a menudo hasta estúpida”. Hoy, cuando las demandas ciudadanas de dignidad y mejores servicios sociales son más acuciantes que nunca y estamos ad-portas de redactar una nueva Constitución, debemos reconocer que, si no reformamos nuestras instituciones políticas y de una vez por todas modernizamos el Estado y las municipalidades, la dignidad seguirá siendo un espejismo que podrá ser alcanzado solo por algunos alcaldes iluminados con LED.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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