Mirada global

Quedan pocos días para la elección de constituyentes y en el debate público en torno proliferan saludos a la bandera, discursos para la galucha y declaraciolnes al aire sin sustento como cuando prometen una constitución que acabe con el machismo (como si en la carta actual estuviera consagrado). En otras palabras, proliferan las visiones de túnel que, en general, presumen que una constitución es la panacea frente a todo tipo de dramas. Pero la cuestión es más compleja si pensamos en la cultura política o el tipo de liderazgos que pululan, en la cosa pública tal y como se nos muestra diariamente. Nada es muy alentador. Una cosa son los deseos y otra los criterios o principios desde los cuales esos anhelos se manifiestan.

También son importantes las pasiones desde las cuales se manifiestan tales afanes. Todo eso, se quiera o no, permea la política tal y como se nos ha mostrado en el último tiempo. Probablemente no es necesario dar ejemplos de algunos personajes que reflejan la presencia de bajas pasiones, anhelos espurios, oportunismos, superficialidad y formas poco convencionales, por no decir en extremo banales e infantiles, de hacer política. Y ojo, la innovación es buena. El problema es el pasar por innovación una rutina circense. Peor, horadar la noción de autoridad haciéndola pasar por cercanía, simpatía y naturalidad. Así como un padre no puede ser el papurri de sus hijos, tampoco un gobernante puede oficiar de abuelito de sus ciudadanos.

Una parte de la izquierda adolescente, esa que llama a quemar cosas cuando algo les molesta, pretende gobernar sin noción de autoridad. Ya se compraron esa patraña del adultocentrismo. Buena suerte con ello.

Poco se ha hablado entonces, en nuestro alicaído debate público a través de los medios, acerca de gobernabilidad, de pluralismo, descentralización, y el modo en que la nueva carta podría contribuir a mejorar tales aspectos. Poco se habla de la responsabilidad que deben tener y asumir los potenciales constituyentes.

Ojalá salgan buenos liderazgos, que complementen convicción y responsabilidad, y no nos llenemos de narcisos buenos para las selfie y el postureo ético. Porque sobran los pontificadores y cazadores de brujas en las redes.

Lo que necesitamos es gente reflexiva dispuesta al diálogo y que tenga presente que la política no es el sermón en la montaña. Ojalá varios estén estudiando concienzudamente materias que conocen de reojo o abiertamente desconocen. Porque en Chile, hay que decirlo, una gran mayoría de ciudadanos desconoce materias que les competen en cuanto tales, cosas esenciales como el sistema electoral, la noción de debido proceso, o el rol del Banco Central, por ejemplo. ¿A quién se le habrá ocurrido diluir la educación cívica? Como será el embrollo que Beatriz Sánchez creía que el Código Civil era de Pinochet. Pobre Andrés Bello, se sacudía en su tumba.

Es de esperar que nuestro debate público, a través de los medios de comunicación, tome más enjundia. Por ejemplo, considerando los efectos del sistema electoral, ya sea en la conformación de coaliciones estables o en la irrupción de narcisos indeseables destruye partidos, tal como ocurre hoy día en nuestro sistema.

“Una democracia necesita un sistema de partidos altamente representativo, competitivo y ordenado que pueda llevar a cabo sus políticas con responsabilidad”

Una democracia necesita un sistema de partidos altamente representativo, competitivo y ordenado que pueda llevar a cabo sus políticas con responsabilidad. Ningún sistema democrático funciona en base a una competencia entre caudillos de poca monta, que incluso salen electos con porcentajes mínimos, y que desde su narcicismo extremo (alimentado por la TV) atomizan el sistema político partidario hasta reventarlo, contribuyendo con ello a la inercia legislativa y gubernamental. Eso solo alimenta la desafección política, la desilusión ciudadana, la demagogia y la irresponsabilidad de los dirigentes.

El éxito de una carta constitucional también dependerá de otras configuraciones, como el sistema electoral, los modos de hacer política y el tipo de líderes que surjan, y que no se consagran en ella de hecho. Porque ojo, el binominal, por ejemplo, jamás estuvo consagrado en la constitución como muchos decían y varios lo creían y repetían como loros. Luego lo cambiaron en 2015 por otro mecanismo, prometiendo mayor representatividad, pero que en realidad ha llevado al Congreso a personas que con suerte obtuvieron los votos de sus familiares. No sé si eso sea buen filtro para obtener buenos liderazgos políticos. Tampoco bastaría con escribir en la constitución que debemos ser gobernados por gente responsable y éticamente intachable.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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