Memorias de un pajarero

Eduardo Pavez acaba de publicar sus memorias. Relatando cómo nace su obsesión por los pájaros ⸻la palabra obsesión creo le queda chica⸻ describe un Santiago oriente desaparecido: una precordillera con cazadores de zorros, arrieros, y tramperos de diucas y jilgueros. Campos con degúes y vizcachas donde se topaban clases sociales de campesinos y citadinos nuevos, cuyos hijos, mezclados, armaban las pandillas que hicieron a Pavez perseguir y cazar pájaros por todos lados. Era un Chile pausado y pobre, en el cual se podía hacer y deshacer con la naturaleza. Había pocas leyes que protegían nuestra fauna ⸻y con suerte se respetaban⸻.  Pavez se compra un águila a dos lucas, IVA incluido. Después cuenta la angustia de cuando los militares casi se los llevan presos por andar con trípodes y anteojos largavistas en la precordillera, «juguetes guerrillero»s ⸻se salvaron por una guía de pájaros en la mochila⸻. Nosotros, quienes recorremos Chile desde los 90, la única angustia a la que nos enfrentamos por andar con trípodes, largavistas y cámaras de foto, es al pararnos frente al counter de LAN. Los Frenteamplistas podrían hacerse pajarólogos y jugar a ser los revolucionarios de la dictadura que se perdieron ⸻pero imaginan por todos lados⸻. Más sano que Twitter. 

La crónica muestra cómo Pavez apacigua su instinto animal cazador hasta terminar como uno de los naturalistas más destacados de Chile.  Creo que hay pocos libros de este tipo acá. Quedará como un registro de la historia de nuestra ecología, donde aparecen personajes como Juan Grau, Fabián Jaksic y Jürgen Rottmann. Revela además traiciones, intrigas y chaqueteos por cernícalos, videodocumentales y publicaciones. No solo en RD se cuecen habas. Y así, a pura determinación, instinto autodidacta, eternas anotaciones en San Carlos de Apoquindo y encuentros fortuitos, Pavez se vuelve un experto en águilas. Esto lo lleva también a internarse en el mundo la cetrería, compleja y sofisticada tradición milenaria ⸻de moda hoy criticarla⸻ que atrae a estrafalarios personajes: mafiosos burócratas estatales, extranjeros traficantes de rapaces, Alberto y Juan Pablo Brunell, Rolf Behncke y hasta el mismísimo Felipe Camiroaga. Yo nunca supe de ese mundo, quedé botella con mi libro «Comprender al ave de presa». Faltó el encuentro fortuito.

Pavez corona su carrera creando y construyendo uno de los centros de rehabilitación de aves rapaces más famosos de Latinoamérica. Ante la lentitud de nuestro Estado, fueron los privados y la famosa sociedad civil los que solucionaron un problema público: la rehabilitación de nuestros pájaros. Luego vino la clásica «alianza público-privada», algunas mejoras, otros problemas, y miles de «puntos de prensa» que han permitido a «ministros aparec[er] liberando aves como parte de todo el esfuerzo, habiendo hecho bien poco o la mayoría de las veces nada».

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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